En la capilla estoy y condenado
a partir sin remedio de esta vida:
siendo la causa aún más que la partida,
por hambre expulso como sitiado.
Culpa sin duda es ser un desdichado
mayor de condición ser encogida;
de ellas me acuso en esta despedida,
y partiré a lo menos confesado.
Examiné mi suerte al hierro agudo,
que a pesar de sus filos me prometo
alta piedad de vuestra excelsa mano.
Ya que el encogimiento ha sido mudo,
los números, Señor, de este soneto
lenguas sean, y lágrimas no en vano.