Era la Poesía como la luz del viento
cuando discurre —sordo—, cuando divaga —ciega—.
Símbolo puro del infinito dentro del momento
y de lo efímero que dura y perdura y que se va y que nunca llega.
Era la Poesía como campo reseco tras la siega
como el océano después de la borrasca, híspido y lento.
Igual a hembra poseída, sacïada —Ipsilon, Gama, Omega—
y al hombre pensieroso, trascendental, hierático, virulento.
La Poesía es cosa de pasmo y sortilegio y maravilla;
fácil tonada que la discanta el caramillo;
aria aérea en la cálida voz sexual de la contralto.
Todo el dolor inmerso en la congoja; toda la euforia. Apenas brilla
lumbrada ocasional si zozobrante: estride sólo el grillo…
La Poesía cosa es cimera tallada en corazón si de cenizas de basalto.