Aquí vivió la Chenca, aquella joya
por las hechuras cara; este aposento
fue túmulo del sexto mandamiento
y galera en que Amor fue buena boya.
¡Viva Dios que esta sala que le apoya
centellas de lujuria arroja al viento!
Esta trampa inventó su atrevimiento
para jugar al hombre con tramoya.
Desde aquella ventana, la insolencia
de sus cabellos afrentó al oriente,
y en ésta fue su vista una estocada.
Mas, ¡oh cruel, a entrambos penitencia!
hoy la casa es albergue a un pretendiente,
y la célebre Chenca está casada.