¡Oh país de mi infancia,
cordilleras y ríos,
corazón triturado
en todos los molinos!
Con los años yo perdí
el frenesí de vivir.
Hoy vivo pacientemente,
asceta junto a la fuente.
El alba llama a la puerta
y cada día despierta
mi sed de cielo y de sol
y mi apetito de Dios.