oficios de la palabra
Mi padre fue soldado.
Mi tío no llegó a ser
lo que debía ser: un sacerdote.
El padre de mi padre quiso
que sus hijos varones
compensaran sus fuerzas:
la profesión del grito
la de la orden en altísima voz
imploraba el susurro de la plegaria
en la serenidad de los monasterios.
Pero en aquellas interminables noches
de guardia en el cuartel
mi padre descubrió el cigarrillo
y el silencio.
Aquel silencio amplio
cavernoso
lo llenó de amargura,
el cigarrillo lo empujó a la muerte.
Con frecuencia
desde el refugio de su muerte
mi padre me habla,
su voz distinta
hecha con retazos de agitado ritmo,
su voz escasa
pronuncia
las palabras necesarias, habla
su voz
para mí,
sólo para mí.