la madre de mi madre
Veo a la madre de mi madre,
mujer de voz finita,
tejiendo calcetines en la oscuridad
de una pequeña habitación, pequeña
como su voz.
Aún faltan muchos años
para que mi madre nazca
y salga por fin
del vientre de esta mujer que teje.
Sus brazos
sus manos se mueven a contraluz
en esa penumbrosa soledad, su vientre
es aún más oscuro que la habitación.
Los calcetines son horrendos
no tienen futuro
no tienen lo que se dice
la menor de las oportunidades
en el mundo que se avecina.
Con su voz diminuta
la madre de mi madre
susurra frases cortas
que hilvanan las palabras a los tropezones
entre el chis chas sordo
de las agujas de madera
una contra otra
una contra otra en continuo choque
-ella susurra para replicarle a ese sonido
su falta de armonía-
pero esas frases descomponen lo poco que ha quedado
de la música original.
De hacer el resto, se ocupa
la penumbra
la densa penumbra
que envuelve al siglo entero
y apaga el vientre
de esta mujer que teje.
Dos pies de hombre
deberán entrar en esos calcetines
alguna vez.