azathoth
Por el vacío insensato el demonio me arrastró,
Más allá de los brillantes enjambres del espacio dimensional,
Hasta que el tiempo y la materia desaparecieron ante mí
Sólo el Caos, sin forma ni lugar.
Allí el inmenso Señor de Todo murmuraba en la oscuridad,
Cosas que había soñado pero que no podía entender,
Mientras a su lado murciélagos informes se agitaban y revoloteaban
En vórtices idiotas atravesados por haces de luz.
Bailaban locamente al tenue compás gimiente
De una flauta que sostenía una zarpa monstruosa,
De donde brotaban ondas sin objeto que al mezclarse al azar
Dictan a cada frágil cosmos su ley eterna.
—Yo soy Su mensajero—, dijo el demonio,
Mientras golpeaba con desprecio la cabeza de su Amo.