Rama rota, que aún se balancea
hecha astillas, sin hojas ni corteza.
Año tras año veo cómo ondea,
crujiendo cuando el viento la atraviesa.
Así rechinan y crujen los huesos
del hombre que vivió una larga vida:
al encorvarse no lo quiebra el peso,
y apenas cruje si al viento trepida.
Me demoro escuchando tu tonada,
oh vieja rama reseca y nudosa:
se te escucha algo inquieta y fastidiada,
al crujir igual que yo, nerviosa.