Camino tan seguido, tarde, por las calles,
bajo la mirada, apuro el paso, lleno de temor,
porque de pronto, en silencio, podrías surgir
y tendría que mirar de frente tu dolor
con mis propios ojos,
mientras reclamas tu felicidad, que ya murió.
Lo sé, caminas más allá de mí, cada noche,
con pasos tímidos, en un vestido miserable,
y caminas por dinero, luciendo desdicha.
Tus zapatos recogen quién sabe qué suciedad,
el viento juega en tu pelo con lujurioso placer—
caminas, y caminas, y no encuentras hogar.