sobre el sol, sombra
Oh tú que la luna enmascaraste con tus negras ondas,
concediste la gracia de arrojar sobre el sol, sombra.
¿Qué hará tu ufana cara con nosotros,
ahora que has dibujado el agua de tu rostro?
Confiaste el tesoro de tu amor a nuestro corazón desmoronado.
Sobre este rincón en ruinas, echaste la sombra del buen hado.
Atención al agua de aquel rostro, que los leones por su causa
quedaron sedientos, y los héroes sucumbieron al agua.
A los que velan les robaste el sueño y, luego,
acusaste a las ilusiones de ladrones del sueño.
Alégrate, que has destronado en belleza a las hermosas de Jalach.
Pide la copa de Cosroes ya que venciste a Afrasiab.
En el lugar de epifanía te quitaste el velo de la cara,
y así el velo de vergüenza tiraste sobre la hurí y el hada.
Pues en el trono de Yamshid al rostro deseado del testigo
la máscara arrancaste, de la copa que refleja el universo bebe vino.
Cada cual, de la vela de tu rostro, a su modo se enamora.
De entre ellos, sólo la mariposa arrojaste en la zozobra.
Por el hechizo de tus ojos ebrios y tus labios de granate que adoran el vino, hiciste caer a Hafez, el solitario, en el vino.
Y para cazar mi corazón, la cadena de tu bucle a mi cuello
lanzaste, como el lazo del rey, de los cuellos, dueño.
Nosrat ud-Din Sha Yahya, a los enemigos de su reino,
mediante su espada los arrojó al agua igual que al fuego.