no preguntes al murciélago
Cuando ven cómo jugamos con los ojos, los necios quedan asombrados.
Allá ellos. Tal como soy, yo me presento.
Los prudentes son la punta del compás de la existencia,
mas sabe amor que en este círculo están desorientados.
Si los hijos de los magos de nuestra intención se enteran,
no aceptarán ya como prenda el manto de los sufíes.
Mi vista no es el único lugar donde aparece su rostro.
La luna y el sol hacen girar el mismo espejo.
No preguntes al murciélago cómo es el rostro del sol,
que ante ese espejo están desconcertados los expertos.
Somos pobres, y juglares y vino deseamos,
pero el manto de lana no lo aceptan como prenda.
Con labios de bocas dulces, selló Dios nuestro compromiso:
Todos nosotros somos siervos, y señores, los de esta tribu.
Hablar mucho de amor y quejarse del amado no concuerda.
Para los amantes esta separación es obligada.
¡Ojalá tu ojo negro me enseñara cómo se alcanza este empeño!,
mas lo oculto y la ebriedad no están al alcance de todos.
Si al lugar de la inocencia lleva el viento tu perfume,
mente y alma te ofrendan la perla de la existencia.
Y qué, si al bohemio de Hafez el asceta no lo entiende.
Escapa presto el diablo de los que el Corán leen.