no hay esperanza de enmienda
¡Oh, ídolo!, tal pena me causa mi amor por ti, ¿qué hacer?
¿Hasta cuándo en esta pena de noche me quejaré?
Loco en demasía el corazón está para escuchar consejo,
acaso con la punta de tu bucle lo encadenemos.
Nuestra separación, lo que me hizo sufrir…
en modo alguno cabe en una carta su relato.
¿En qué ocasión, con un rizo de tu pelo
contaré uno por uno todos mis desasosiegos?
Cuando sienta deseos de ver mi alma,
crearé la visión del dibujo de tu dulce cara.
Si supiera que con ello encontrarte lograría,
perdería la fe y el corazón me modificaría.
Aléjate de mí, predicador, no cuentes fábulas.
Yo ya no soy aquel que escucha hipocresías.
No hay esperanza de enmienda en el vicio de Hafez.
Ya que el destino es así, ¿qué hacer?