los jazmines fragantes
Los jazmines fragantes, cuando se sientan, sientan el tamo de la tristeza.
Los de cara de hada, cuando disputan, prenden del corazón la calma.
La tiranía, cuando a su cincha los corazones ata, los arrebata.
Por los bucles de ámbar, cuando se sueltan, se inmolan almas.
Toda la vida, cuando un instante con nosotros se sientan, se levantan.
El esqueje de anhelo, en la mente, cuando se alzan, plantan.
Del eremita el llanto, cuando se alcanza, se alcanzan perlas.
Si lo saben, los amorosos rostros de los madrugadores, no se apartan.
De mi ojo, rojos granates, cuando se ríen, llueven.
De mi rostro, el oculto secreto, cuando contemplan, leen.
Como Mansur, los que su meta hallan, se hallan bien en la horca.
Del intelecto, los que remedio buscan, quedan paralizados.
Los deseantes, en su Presencia, logran un gesto esquivo, cuando su anhelo expresan.
En esta corte, cuando a Hafez convocan, lo alejan.