la trampa de la senda
Hace ya tiempo que sirvo en esta taberna.
Con el vestido de pobreza hago el trabajo de los nobles.
Hasta que atrape en la trampa del encuentro al donairoso faisán,
bien escondido me guardo y la hora de la suerte aguardo.
A la verdad, el predicador no tuvo presto el olfato, presta tú oído a la palabra.
Lo que en su ausencia yo pronuncio, pronunciaré en su presencia.
A trompicones avanzo, igual que el viento de Saba, hasta el reino del amigo,
y ayuda yo solicito de los que me acompañan a lo largo del camino.
La tierra donde tú reinas no puede soportar ya tantos enojos.
Oh ídolo, favores has hecho, reduzco yo los enojos.
El bucle del amado es la trampa de la senda, y su flirteo, la flecha de perdición.
Recuérdalo, corazón, innumerables veces te he aconsejado.
La mirada pesimista oculta, oh clemente, que ocultas los fallos
de tantos atrevimientos como cometo en mi retiro.
Soy Hafez en un cenáculo, y en otro, servidor de posos.
Advierte la broma, así las gasto yo con los hipócritas.