la sombra del amado
Más que ahora pensabas antes en los enamorados.
Era famoso en los horizontes tu modo de amarnos.
Recordemos aquellas charlas nocturnas con los de dulces labios,
la tertulia del misterio del amor y las letanías del círculo de enamorados.
Antes de que se extendieran este techo verde y la cúpula miniada,
el paisaje o la visión de mi ojo, era impar la ceja del Alma.
Desde el alba primera y su primer aliento hasta el final de la noche postrera,
la amistad y el amor se basaban en el mismo compromiso y promesa.
Aunque en el cenáculo robaba la fe y el corazón, la hermosura de las caras de luna,
en torno a la gracia del ser y de la ética, giraba nuestra tertulia.
¿Qué sucede si la sombra del amado cae en el enamorado?
Él nos anhelaba, y nosotros lo necesitábamos.
Perdona si se me ha roto el rosario de alabanzas: mi mano
estaba en la muñeca de la copera de plateado brazo.
En la puerta de mi rey, un mendigo ese detalle expresaba:
Dios fue proveedor, fuera cual fuera el mantel junto al que me sentara.
Ni en la noche de Gadr bebí vino mañanero, no me lances una carena:
llegó el amigo con la cabeza alegre y había una copa en el rincón de la alacena.
En tiempos de Adán, la poesía de Hafez en el jardín del paraíso,
adornaba las hojas del cuaderno de la rosa y del junquillo.