la rueda turquesa
Un ruiseñor con su sangre hizo crecer una rosa,
mas el viento de los celos cien espinas le clavó.
Un loro con la dulzura del labio se contentaba,
mas la tromba de la nada su espejismo aniquiló.
¡Ay de mí! Por envidia del ojo de la luna y el sol,
el de ceja tal creciente de luna en la tumba se afincó.
¡Luz de mis ojos! ¡Vida al recuerdo del fruto de mi corazón!
¡Cuán fácil fue su partida y cómo dificultó mi labor!
¡Que Dios me asista, se me ha caído la carga, oh camellero!
De este palanquín, esperar tus dádivas me hizo compañero.
No tengas en poco mi rostro de tierra y mis ojos en llanto,
que la rueda turquesa construyó un recreo con este barro.
El rey y la torre no moviste a tiempo, Hafez.
El juego del tiempo me distrajo. ¿Qué hacer?