la luz de dios
En la taberna de los magos veo la luz de Dios.
¡Oh maravilla, ver semejante luz donde la veo!
¿Quién sirve los posos en esta bodega, oh Dios? pues en su puerta veo
la alquibla de las peticiones y el mihrab de los rezos.
No hagas ostentación ante mí, oh guía de peregrinos.
Tú ves la casa, y la casa Dios yo veo.
El aroma de almizcle liberar quiero del bucle de los ídolos.
Distante fantasía es, que confusamente veo.
Fuego del corazón, lágrimas vertidas, suspiro del alba, queja nocturna,
por gracia de vuestros ojos, todo esto veo.
A cada instante hace aflorar un aspecto de tu rostro la ilusión.
¿A quién decir todo lo que en este velo veo?
Nadie ha visto en el almizcle de Jotán ni en el de China,
lo que cada amanecer en el viento de Saba veo.
En nuestro círculo no hay un punto de fallo, nada sobra ni falta.
Que esta cuestión, sin cómo ni por qué, nítidamente veo.
Oh amigos, no echéis en cara a Hafez su juego de miradas,
que a él, entre los dilectos de Dios lo veo.