la clave de la ebriedad
Quién, aunque soy hombre malvado, me será fiel por cortesía,
me otorgará un momento de bondad,
hará que alcance mi corazón su mensaje con melodías de flauta
y después, con una copa de vino, me entregará su adhesión?
Al bruto que viste de lana y no barrunta el amor,
dale una clave de la ebriedad a fin de que abandone el intelecto.
Del seductor que debilitó el alma y el ansia del corazón no satisfizo,
no hay que desesperar, ¡tal vez sea benigno!
Dije: no he desatado el nudo de aquel bucle desde que estoy vivo.
Dijo. Yo he dado la orden de que haga trampas contigo.
Es difícil que un mendigo como yo tenga un amigo semejante.
¿Acaso el sultán, a ocultas, se divierte con el tunante de los bazares?
De aquel rizo, con sus pliegues y sus curvas, nítida es la tiranía.
¡Que tristeza causan sus cuerdas y sus cadenas al que va errante!
¡Oh, Hafez, no te dirijas hacia aquel ojo falaz,
que el bucle color de noche te engañará!