hasta una copa me hurtó
Mucho hace que el amado no mandó mensaje alguno,
no envió ningún saludo ni una palabra escribió.
Cien cartas le remití, y aquel rey de los jinetes
para mí ni un mensajero al galope despachó.
A mí, salvaje y sin juicio, aquel de casta de ciervo
ni un caminante, como la perdiz, mandó.
Sabía que me escapaba el ave del corazón,
y de su bucle o cadena ni una trampa me lanzó.
¡Ay de aquel escanciador de dulce labio, embriagado,
sabiendo cómo yo ardía, hasta una copa me hurtó!
Tanto como presumí de carismas y moradas,
de moradas y carismas ni una noticia me dio.
Hafez, sé respetuoso, que reclamar no es usado
si es el rey el que no envía los mensajes a su esclavo.