el planto de la tórtola
Del reino del Amigo llega el suave viento de año nuevo.
Si de ese viento buscas favor, encenderás la lámpara del corazón.
Con la palabra velada digo: del capullo sal como la flor,
que el sultán de año nuevo sólo por cinco días da la orden.
Como la flor, si tienes cinco céntimos, por Dios, gástalos para gozar,
que a Coré le causó harto extravío la locura de almacenar el oro.
El cáliz de la flor tanto ha embriagado al ruiseñor de vino granate,
que a la rueda turquesa ha dado el tono de victoria.
Para satisfacer el deseo, ¿cuál es la vía? Dejar el propio deseo.
Y el tocado señorial es quitarse esta corona.
El orgullo de la ciencia no ha de apartarnos de las causas del rapto.
Ven, escanciadora, que al ignorante es más grato el alimento asignado.
Tengo un vino tan puro como el alma, pero el sufí lo rechaza.
¡Oh Dios, que al hombre prudente no le toque la desgracia!
¿A qué se debe el planto de la tórtola a la orilla del arroyo?
¿Acaso, como yo, alberga en su seno una tristeza eterna?
De ti se separó tu dulce amigo, siéntate ahora sola, oh vela,
que es dictamen del cielo: o aceptas o te quemas.
Vete al jardín, del ruiseñor aprende las claves del amor.
Ven al cenáculo, que has de aprender a decir poemas de Hafez.