desviaré la celestial rueda
¡Ay!, mi corazón herido comparte la sal con tu labio.
Respeta mi derecho, que yo parto. ¡Dios te guarde!
Tú eres la perla nítida, y mencionar su excelencia,
en las alturas es la alabanza que le toca al ángel.
Si dudas de mi pureza, haz una prueba,
que es la piedra de toque quien mejor detecta el oro.
Dijiste te embriagarías y me darías dos besos.
Ni dos ni uno hemos visto, y el límite de la cita ha transcurrido.
Oh sonrisa de pistacho, ábrete y derrama azúcar,
no confundas al pueblo con tu boca.
Desviaré la rueda si no gira según mis intenciones.
No soporto humillaciones de la celeste rueda.
Ya que en manos de Hafez no la abandonas, oh adversario,
aléjate de su lado uno o dos pasos.