de la mezquita a la taberna
Al dar la imagen de tu rostro en el espejo de la copa,
por la sonrisa del vino, a codicia sin medida sucumbió el enamorado.
Con una aparición única en el azogue, tu bella cara
tantos dibujos formó como ilusiones sin fin en el espejo.
Tantas hermosas imágenes y tan distintos esbozos
luz son del rostro de la copera que en la copa se refleja.
Amor celoso cortó la lengua de todos los selectos,
y así en la boca del pueblo cayó el misterio que los apena.
Sucederá, señor, que en el cenobio no me verás en adelante:
los labios de la copa absorben nuestra labor, de la copera, el semblante.
No por mi pie fui a parar de la mezquita a la taberna:
consecuencia de mi sino desde el primer día ha sido.
¿Qué hará el que el círculo del tiempo como un compás no culmina,
el que ha caído en el giro de los días?
Cada momento mi abrasado corazón nuevo favor obtiene.
¡Observa a este mendigo!: consigue limosna como merece.
Bajo la espada de su tristeza hay que ir bailando,
pues quien de su mano muere buen fin ha hallado.
Del pozo de tu barbilla se colgó en tu rizo el corazón;
¡Ay! Saliose presto del pozo, mas en la trampa cayó.
Ebrios de amor, los sufíes todos juegan con la mirada,
sólo Hafez, de corazón doliente, tiene la mala fama.