cuando haya muerto
Os digo: no cejaré hasta alcanzar mi deseo:
que se una mi cuerpo al Alma o el alma deje a mi cuerpo.
Abre mi tumba y observa, cuando haya muerto,
como humea mi sudario por el fuego que yo albergo.
Abre la boca y un clamor se elevará de hombres y mujeres.
Muestra tu rostro y quedará asombrado el pueblo.
La vida huye de los labios y aún se duele el corazón:
a expirar va y, de sus labios, no ha alcanzado aquel deseo.
Por el ansia de su boca, mi alma a la angustia sucumbe.
¿Cuándo el anhelo del pobre aquellos labios cumplieron?
Que los enamorados hablen de sus bondades, forzoso es,
cuando en las reuniones se cita el nombre de Hafez.