corazón errante
¿Por qué mi grácil ciprés desdeña la hierba
y la compañía de la rosa y el jazmín no recuerda?
Desde que envuelto en su bucle se alejó, mi corazón errante
no quiere a su tierra regresar de aquel largo viaje.
Cuado la brisa quiebra el bucle del pensamiento en flor,
¡ah!, mi corazón recuerda al que quiebra las promesas.
El corazón, que su rostro aguarda, no acompaña a la vida.
El alma al cuerpo no obedece, pues su morada ansia.
Ante el arco de sus cejas suplico en vano,
mas oído no me presta, que su oído está ocluido.
Me quejé ayer de sus rizos con gran lamento.
Ese negro que se curva, dijo, a ti no te escucha.
Aunque sólo sirva posos mi escanciadora de brazos de plata,
el cuerpo entero se tornará boca, igual que la copa.
Tal es el perfume que exhala tu falda cuando pasas, que asombra
no cambie la tierra en almizcle el viento de Saba.
En manos de la alevosía no abandoné el agua de mi cara:
no es don de la nube engendrar la perla de Aden sin mis lágrimas.
Murió Hafez por tu gracia, sin atender a consejos.
La espada es lo que merece quien la palabra no entiende.