con un velo en la tiniebla
En los tiempos de la flor, de enmendarme de la bebida me avergoncé,
¡que nadie se avergüence de una conducta errada!
Nuestro bien es todo él una trampa del camino. Desde ahora,
escanciadora y testigo no me causarán vergüenza.
Acaso por su carácter noble el amado no pregunte,
que nos duelen las preguntas y avergüenzan las respuestas.
Por la sangre que ayer noche huyó del nido del ojo,
a ojos de los durmientes quedamos avergonzados.
Merece el narciso ebrio doblar la cabeza:
los modos y los reproches de aquel ojo le avergüenzan.
En el intento de ir en pos de ti no hemos cesado.
De este intento, gracias a tu compañía, no me avergüenzo.
Más hermoso que el sol tienes el rostro. ¡Loado sea Dios!
De ti no sentimos vergüenza ante el rostro del sol.
Con un velo de tiniebla se cubrió el agua de vida, avergonzada
ante los versos de Hafez y su talante de agua.