bailando
Gozoso el día en que parta de esta casa en ruinas
en pos del bienestar del alma y del Alma de las almas.
Con el cuerpo enfermo y el corazón impaciente iré,
como el viento de Saba, por amor de aquel grácil ciprés.
Sé bien que el extraño no alcanza a abrirse camino,
pero yo seguiré el perfume de aquel bucle huidizo.
Ante la cárcel de Alejandro, preso de terror está mi corazón.
¡Que se inicie la marcha!, iré hasta el reino de Salomón.
Como partícula, bailando, iré por su amor
hasta la orilla de la fuente del luminoso sol.
Si su camino he de seguir con la cabeza como el cálamo,
con el corazón partido iré, y con los ojos en llanto.
Un voto he hecho: si salgo un día de esta tristeza,
alegre iré hasta la puerta de la taberna y cantando un poema.
Los árabes no se duelen de ver mi pesada carga.
¡Oh, persas, ayudadme, que alegre y ligero vaya!
Si salir de este desierto no logro, como Hafez,
acompañaré el cortejo del visir Asef.