¡aire, aire!
Aunque mil enemigos intenten matarme,
si tú eres mi amigo, yo no he de asustarme.
La esperanza de hallarte, vivo me mantiene.
Tú ausencia incesante se trueca en temor de mi muerte.
¿Se adormecen mis ojos de ensoñarte? ¡Qué va!
¿Se apacigua mi corazón si estás distante? ¡No hay tal!
¡Aire, aire!, si el viento no me trae tu olor,
instante a instante desgarro mi camisa como la flor.
¡Mejor la herida que tú me causas que el ungüento de otro!
¡Mejor tu veneno que de otro el antídoto!
Por el filo de tu espada será eterna nuestra vida.
Que se alegra nuestro espíritu, si por ti se sacrifica.
Y si me hieres con la espada, no gires las riendas del caballo,
que será escudo mi cabeza, y de la silla no apartaré la mano.
De tu ser tú, ve lo que ve cada mirada.
Y del saber, cada uno a su medida capta.
A ojos del pueblo, Hafez será amado sin par,
cuando corone su cabeza con el polvo de tu umbral.