a zaga del perfume
Como ruiseñor doliente, para sanarme el olfato,
a zaga del perfume entré en el jardín al alba.
Así contemplé yo el rostro de la rosa roja,
y siendo la noche oscura, lucía tal clara lámpara.
Tan orgullosa se hallaba de su juventud y belleza,
que al corazón de aquel ave de mil modos ignoraba.
Por regañar, como un cuchillo, sacó la lengua la azucena.
Como comadre, la amapola abrió la boca y murmuraba.
De tristeza, el esbelto narciso lágrimas derramaba;
del alma y corazón del tulipán, con lacre cien llagas sellaba.
Uno, adorador del vino, sostenía el cáliz en la mano.
Otro, tal escanciadora, en la mano la copa ostentaba.
Gozo de recreo y juventud aprovecha, Hafez, como la flor.
Observa que el mensajero es solamente un mediador.