Julio, después que me partí llorando
de quien jamás mi pensamiento parte,
y dejé de mi alma aquella parte
que al cuerpo vida y fuerza estaba dando,
de mi bien a mi mismo voy tomando
estrecha cuenta, y siendo de tal arte
faltarme todo el bien, que temo en parte
que ha de faltarme el aire suspirando;
y con este temor, mi lengua prueba
a razonar con vos, ¡oh dulce amigo!,
del amarga memoria de aquel día
en que yo comencé como testigo
a poder dar del alma vuestra nueva,
y a saberla de vos del alma mía.