¡Adiós! ¡Adiós!, si al suspirar el viento
Entre las flores de tu hogar querido
Remeda alguna vez hondo gemido
Que un pecho exhala en su letal tormento,
Escucha allí mi voz; será el lamento
Del bardo triste por tu amor herido,
Que a demandarte irá que no al olvido
Su nombre legues en fatal momento.
Adiós, mi bien; doquiera la ventura
Tu senda borde con fragantes flores
Dignas de tu beldad, de tu alma pura.
Adiós, y sé feliz; que siempre ignores.
En tanto que padezco, la amargura
De los tristes recuerdos punzadores.