Encendido en palabras puras
el fuego conversa conmigo.
Como un abuelo labrador,
de cenizas encanecido,
llamea su boca barbada
un consejo de campesino.
Y tiene sencillez de campo,
sencillez de ropa de lino,
sencillez de pan de centeno,
sencillez de ataúd de pino.
Un poco de cielo desciende
al humoso ademán tranquilo.