Molesta el ponto Bóreas con tumultos
cerúleos y espumosos; la llanura
del pacífico mar se desfigura,
despedazada en formidables bultos.
De la orilla amenaza los indultos,
que blanda le prescribe cárcel dura;
la luz del sol titubeando oscura,
recela temerosa sus insultos.
Déjase a la borrasca el marinero,
a las almas de Tracia cede el lino,
gime la entena, y gime el pasajero.
Yo ansí náufrago amante y peregrino,
que en borrasca de amor por Lisi muero,
sigo insano furor de alto destino.