La que de vuestros ojos lumbre ha sido
convierta en agua el sentimiento ahora,
ilustre duque, cuyo llanto llora
todo mortal que goza de sentido.
Vuestra paloma huyó de vuestro nido,
y ya le hace en brazos del aurora;
estrellas pisa, estrellas enamora
del nuevo sol con el galán vestido.
Llorad, que está en llorad vuestro consuelo;
no cesen los suspiros que, por ella,
con sacrificios acompaña el suelo.
Llorad, señor, hasta tornar a verla;
y así pues la llevo de envidia el Cielo,
le obligaréis de lástima a volverla.