Tú, princesa bellísima del día,
de las sombras nocturnas triunfadora,
oro risueño y púrpura pintora,
del aire melancólico alegría;
pues del sol que te sigue y que te envía
eres flagrante y rica embajadora;
pues por ennoblecerte llamé Aurora
la hermosa sin igual, zagala mía;
ya que la noche me privó de vella,
y esquiva mis dos ojos, pïadosa
entretenme su imagen en su estrella.
Niégale al sol las horas, no invidiosa
su llama, que tus luces atropella,