hay una cierta inclinación de la luz
Hay una cierta inclinación de la luz
en las tardes de invierno,
que nos oprime, como el peso
de las melodías de una catedral.
Nos inflinge una herida celestial;
que no deja marcas,
solo la interna constancia
donde los significados están.
Nadie puede enseñarle nada,
porque es el sello, la desesperanza:
una aflicción imperial
que nos envía el aire.
Cuando llega, el paisaje escucha;
las sombras contienen el aliento;
cuando se aleja, es como la distancia
en la mirada de la muerte.