Yo vi una vez de cerca al gran dolor humano,
oí su voz quebrada y respiré su aliento,
yo quise ser su amiga y le tendí la mano,
pero él me dio la espalda y se fue con el viento.
Algún día descalzo, va a llegar a mi pecho,
porque es humilde, humilde, tiene humildad de niño,
mi corazón de níspero le servirá de lecho
y abrigaré su frío con ropas de cariño.
Él dejará en mi alma la huella de su herida,
y otra vez como entró, humilde como un niño,
se me saldrá del pecho y dejará en mi vida
un recuerdo que sea suave como el armiño.