en el camino del manicomio
Suya es la casa cuyas ventanas —cada cristal—
Están hechas de un misterioso y nublado material:
A veces se los ve caminar por casualidad en la vereda,
La muchedumbre más triste que hayas visto pasar.
Ante a las miradas severas de la procesión alegre
Les devolvemos una sonrisa amable,
Sin sentir vergüenza al detenernos y bromear
Sobre la condena pecaminosa de algunos hombres.
Nadie sino nosotros nos encontramos en las galerías,
Como la gallina del páramo que anda entre las cañas con pies finos,
La campánula que se dobla sobre su tallo,
Ninguno de ellos bailará jamás con nosotros;
Sus pulsos golpean una música más débil
Sin que ello les haga la vida más dulce.
La muchedumbre más alegre que hayas visto pasar
Se hace con nuestros hermanos en la sombra de la vereda:
Nuestras ventanas también son para ellos de nublado cristal.