Suelta la venda, súcio y asqueroso,
Lava los ojos llenos de légañas,
Cubre las carnes y lugares feos,
Hijo de Vénus.
Deja las alas, las doradas flechas,
Arco y aljaba y el ardiente fuego,
Para que en falta tuya lo gobierne
Hombre de seso.
Cuando tu madre se sintiere d’ esto,
Puedes decille que como á muchacho
Loco, atrevido, vano, antojadizo,
No te queremos;
Y que pues tiene de quien ella sabe
Mil Cupidillos, que nos dé, de tantos,
Uno que rija su amoroso imperio,
Menos infame.
Tú, miserable, viéndote sin honra,
Vuélvete á casa de tu bella madre,
Porque te vista, que andas deshonesto,
Picaro hacho.
Pónlo por obra, porque no me hagas
Que ande el azote; mas, si no me engaño,
De estos azotes y aun de mí te ries,
Fiero tirano.