Vuelta sobre sí misma, la mirada humana
es, ay, tan sólo un triste desconcierto.
Nada sabemos, nunca conoceremos,
en el dolor presente o en el futuro ciego
sólo hay algo que es cierto, cierto, cierto:
los sueños han perdido la batalla.
Que las ansias mínimas, tanto
como las esperanzas principales,
sistemáticamente han sido arruinadas.
En el horizonte que nos queda igual faltan
la rosa pequeña y el sol grande.