Estos versos de hoy al menos fueran
un arco de concordia, un lenguaje futuro,
mas no, la cobardía, el terror
–si no es pura estulticia–
impulsan a escribir
lo que nadie ni ninguno espera.
Del pájaro o del niño o del mar,
del prisionero sinsilábico,
del mutismo del mudo,
del ladrido del perro
acaso el poema contacto surgirá,
el sonido sereno, la libre lucidez.