urbe de la nada
Ninguna ciudad se parece a ésta, me ha dicho el visitante.
En los atardeceres amargos, fachada por fachada se sobrepone de un todo que destiñe
y emerge sobre las olas, como buen arcoíris después de tanta lluvia.
La ciudad de las nostalgias,
y de los nostálgicos que la habitan, ha dejado de existir.
Una parte de sí ha huido tras el recuerdo
de lo que fue.
La otra se resignó con lo que sueña ser.
Este ir y venir entre la realidad y la fantasía la hace humana, luego ninfa,
hasta volverla diosa.
Y un día cualquiera de no sé qué año, te sorprendes adorando
la criatura de tu propio engendro. Cuando te acercas a ella,
atraído por el influjo marino que despide, eres sólo un soñador errante.
Pero cuando te arrastras a refugiarte en su seno, sorbido violentamente
por sus afrodisíacos vahos, eres ya un perdedor,
un torpe enamorado de la nada.
Ninguna ciudad se ama como esta, concluye el visitante.
Y se marcha alucinado.