llora de noche
La ciudad planta fortalezas allende los mares, se defiende.
Nada puede, blande hasta el último cañón, es tomada, los bárbaros, se reparten las ruinas.
La ciudad gime,
es el latido del mar,
el respirar bajo los túneles, el sollozo frente al muro,
y un devenir de forasteros toda ella.
Lanza un grito en la noche, cuenta su historia.
Al despertar sabe que más le valdrán el mar y el silencio para que alguien escuche su quejido.
Definiendo
Marítima tristeza de portales, confabulada soledad de las aceras, negro el poeta que canta
a la pulcritud de sus sábanas oreando en los balcones.
Taciturnos noctámbulos,
algo de proxenetas y de putas,
¿y qué ciudad no tiene?
Pero un azul transparente, eso sí, rumiando entre susurros cada sueño, fundido con salitre y caracola.
Un despertar del sol en las ventanas, una amalgama de razas y colores,
y atardeceres incomparables, donde la luz no es más
que el reflejo del mar en cada lágrima.