País Poema - Autores

théophile gautier

a una joven italiana
Aquel mes de febrero tiritaba en su albura / de la escarcha y la nieve; azotaba la lluvia / con sus rachas el ángulo de los negros tejados; / tú decías: ¡Dios mío
cuando oímos crujir sordamente los muros
Cuando oímos crujir sordamente los muros, / cuando en la chimenea brotan múltiples ecos / que no son de este mundo, y con un ruido extraño / los tizones crepitan
el arte
Sí, es más bella la obra trabajada / con formas más rebeldes, como el verso, / o el ónice o el mármol o el esmalte. / ¡Huyamos de postizas sujeciones! / Pero acuérd
el espectro de la rosa
Levanta el párpado cerrado, / tocado por un sueño virginal, / soy el espectro de la rosa / que ayer has vestido en el baile. / Me adornaste con cuentas de plata, / y
el hipopótamo
El hipopótamo de vientre enorme / suele vivir en selvas como Java, / y allí en el fondo de las cuevas hay / monstruos que no se pueden ni soñar. / La boa que se agi
el traje rosa
Adoro la túnica rosa / en que va tu hermosura envuelta; / es el tibor de tu garganta; / es de tu cuerpo ánfora esbelta. / Frágil como una rosa thé, / leve como un ala
el último deseo
Hace ya tanto tiempo que te adoro, / dieciocho años son muchos instantes. / Eres de color rosa, yo soy pálido, / yo soy invierno y tú la primavera. / Lilas blancas
humo
Bajo los árboles hay / una choza corcovada; / con el tejado vencido, / rotas paredes y musgo / en el umbral de la puerta. / Ciega está por sus postigos / la ventana, pe
la vida en la muerte
Era el día de los muertos: una llovizna fría, / en el borde del cielo, veteada como una trama fina, / extendía sus largas mortajas grises; / un viento del norte s
las palomas
En el collado aquel de los sepulcros / una palmera y su penacho verde / se yerguen donde acuden las palomas / a anidar por la noche y guarecerse. / Con el alba dese
lied
Es rosada la tierra en el abril, / como la juventud, como el amor; / y casi no se atreve, siendo virgen, / a enamorarse de la Primavera. / En junio, con un pálido s
lo que dicen las golondrinas
Aquí y allá se ven las secas hojas / sobre campos de hierba amarillenta; / desde el alba a la noche el viento es fresco, / éste es el fin del tiempo de verano. / Ve
no me canso de veros en los marcos ovales
No me canso de veros en los marcos ovales, / amarillos retratos de beldades de antaño / en la mano unas rosas quizá ya un poco pálidas, / como es propio de flores
paisaje
No se mueve ni una hoja, / no hay ni un pájaro que cante, / sobre el rojizo horizonte / de vez en cuando un relámpago; / a un lado algunos espinos, / surcos a medio a
pastel
No me canso de veros en los marcos ovales, / amarillos retratos de beldades de antaño / en la mano unas rosas quizá ya un poco pálidas, / como es propio de flores
piras y tumbas
Ningún cadáver sombrío mostró sus defectos / en los días felices del arte pagano, / y el hombre, contento con lo que vio, / no despojó el velo del corazón de la b
sí, es más bella la obra trabajada
Sí, es más bella la obra trabajada / con formas más rebeldes, como el verso, / o el ónice o el mármol o el esmalte. / ¡Huyamos de postizas sujeciones! / Pero acuérd
soneto japonés
Por subrayar, glorioso, de tu frente la albura / el Japón dio a tus ojos su más límpido añil; / la porcelana blanca no tiene la blancura / de tu cuello tan suave
tristeza en mar
Vuelan como jugando las gaviotas; / y los blancos corceles de la mar, / encabritados sobre el oleaje, / sus despeinadas crines dan al aire. / Cae la tarde y una fin
último deseo
Hace ya tanto tiempo que te adoro, / dieciocho años atrás son muchos días… / eres de color rosa, yo soy pálido, / yo soy invierno y tú la primavera. / Lilas blancas