rosalía de castro
a la sombra te sientas de las desnudas rocasA la sombra te sientas de las desnudas rocas, / y en el rincón te ocultas donde zumba el insecto, / y allí donde las aguas estancadas dormitan / y no hay hermanos seres que interrumpan tus sueños, / ¡quié
a las rubias envidiasA las rubias envidias / porque naciste con color moreno, / y te parecen ellas blancos ángeles / que han bajado del cielo. / ¡Ah!, pues no olvides, niña, / y ten por cosa cierta, / que mucho más que un ángel s
a orillas del sarI / A través del follaje perenne / que oír deja rumores extraños, / y entre un mar de ondulante verdura, / amorosa mansión de los pájaros, / desde mis ventanas veo / el templo que quise tanto. / El templo que t
a sus plantas se agitan los hombresA sus plantas se agitan los hombres, / como el salvaje hormiguero / en cualquier rincón oculto / de un camino olvidado y desierto. / ¡Cuál le irritan sus gritos de júbilo, / sus risas y sus acentos, / gratos
adiós, ríos; adiós, fuentesAdiós, ríos; adiós, fuentes / adiós, arroyos pequeños; / adiós, vista de mis ojos: / no sé cuando nos veremos. / Tierra mía, tierra mía, / tierra donde me crié, / huertita que quiero tanto, / higueritas que pla
ángelTodo duerme… del aire, el soplo blando / callado va, con temeroso vuelo / el aroma esparciendo de las rosas; / brilla la luna, y sueñan con el cielo / los niños que reposan, contemplando / flores, luz y pin
ansia que ardiente creceAnsia que ardiente crece, / vertiginoso vuelo / tras de algo que nos llama / con murmurar incierto, / sorpresas celestiales, / dichas que nos asombran; / así cuando buscamos lo escondido, / así comienzan del am
busca y anhela el sosiegoBusca y anhela el sosiego… / mas… ¿quién le sosegará? / Con lo que sueña despierto, / dormido vuelve a soñar. / Que hoy como ayer, y mañana / cual hoy, en su eterno afán, / de hallar el bien que ambiciona / -cu
campanas de bastabalesCampanas de Bastabales, / cuando os oigo tocar, / me muero de añoranzas. / I / Cuando os oigo tocar, / campanitas, campanitas, / sin querer vuelvo a llorar. / Cuando de lejos os oigo / pienso que por mí llamáis / y
cuando al morir el día…Cuando al morir el día / solo cantan el grillo y la cigarra, / y los insectos bullen y se pierden / en la niebla dorada. / Yo pienso que del cáliz de la rosa / la veo salir envuelta en leve gasa, / y que sus
cuando pienso que te huyes…Cuando pienso que te huyes, / negra sombra que me asombras, / al pie de mis cabezales, / tornas haciéndome mofa. / Si imagino que te has ido, / en el mismo sol te asomas, / y eres la estrella que brilla, / y er
de gemidos quejumbrososI / De gemidos quejumbrosos, / de suspiros lastimeros, / vago suena en el espacio / melancólico concierto... / Son las campanas que tocan... / ¡Tocan por los que murieron! / Plañidero el metal vibra, / las region
de la vida entre el múltiple…De la vida entre el múltiple conjunto de los seres, / no, no busquéis la imagen de la eterna belleza, / ni en el contento y harto seno de los placeres, / ni del dolor acerbo en la dura aspereza. / Ya es á
del antiguo camino a lo largoDel antiguo camino a lo largo, / ya un pinar, ya una fuente aparece, / que brotando en la peña musgosa / con estrépito al valle desciende. / Y brillando del sol a los rayos / entre un mar de verdura se pier
del mar azul las transparentes olasDel mar azul las transparentes olas / mientras blandas murmuran / sobre la arena, hasta mis pies rodando, / tentadoras me besan y me buscan. / Inquietas lamen de mi planta el borde, / lánzanme airosas su ne
del rumor cadencioso de la ondaDel rumor cadencioso de la onda / y el viento que muge; / del incierto reflejo que alumbra / la selva o la nube; / del piar de alguna ave de paso; / del agreste ignorado perfume / que el céfiro roba / al valle
desolaciónDel luto de mi noche / mi ángel funesto / tejió un velo pesado, / tupido y denso / más que las sombras / que en los hondos abismos / eternas moran. / Negome desde entonces / el sol su brillo, / ¡ay!, negome la luna
dicen que no hablan las plantasDicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros, / Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros, / Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso, / De mí murmuran y
dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros…Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros, / Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros, / Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso, / De mí murmuran y
dos palomasDos palomas yo vi que se encontraron / cruzando los espacios / y al resbalar sus alas se tocaron… / Cual por magia tal vez, al roce leve / las dos se estremecieron, / y un dulce encanto, indefinible y breve
en los ecos del órgano, o en el rumor del vientoEn los ecos del órgano, o en el rumor del viento, / en el fulgor de un astro o en la gota de lluvia, / te adivinaba en todo, y en todo te buscaba, / sin encontrarte nunca. / Quizás después te ha hallado,
era apacible el díaEra apacible el día / Y templado el ambiente, / Y llovía, llovía / Callada y mansamente; / Y mientras silenciosa / Lloraba y yo gemía, / Mi niño, tierna rosa / Durmiendo se moría. / Al huir de este mundo, ¡qué so
errantes, fugitivas, misteriosasErrantes, fugitivas, misteriosas, / tienden las nubes presuroso el vuelo, / no como un tiempo cándidas y hermosas, / sí llenas de amargura y desconsuelo. / Más allá… más allá… siempre adelante / prosiguen s
estacionesAdivínase el dulce y perfumado / calor primaveral; / los gérmenes se agitan en la tierra / con inquietud en su amoroso afán, / y cruzan por los aires, silenciosos, / átomos que se besan al pasar. / Hierve la
fragmentosCuando miré de soledad vestida / la senda que el destino me trazó, / sentí en un punto aniquilar mi vida. / . . . / ¡Cuando infeliz me contemplé perdida / y el árbol de mi fe se desgajó, / tuvieron, ¡ay!, par
hojas marchitasLas rosas en sus troncos se secaron, / los lirios blancos en su tallo erguidos / secáronse también, / y airado el viento arrebató sus hojas, / arrebató sus hojas perfumadas / que nunca más veré. / Otras rosas
hora tras hora, día tras díaHora tras hora, día tras día, / Entre el cielo y la tierra que quedan / Eternos vigías, / Como torrente que se despeña / Pasa la vida. / Devolvedle a la flor su perfume / Después de marchita; / De las ondas que
la canción que oyó en sueños el viejoA la luz de esa aurora primaveral, tu pecho / vuelve a agitarse ansioso de glorias y de amor. / ¡Loco…!, corre a esconderte en el asilo oscuro / donde ya no penetra la viva luz del sol. / Aquí tu sangre t
la canción que oyó en sueños el viejo (fragmento)VI / De pronto el corazón, con ansia extrema / mezclada a un tiempo de placer y espanto, / latió, mientras su labio murmuraba: / «¡No, los muertos no vuelven de sus antros! / Él era y no era él; mas su recu
la rosa del campo santoEra una noche en que el viento / con sordo acento mugía, / y en que no más se sentía / del trueno el ronco fragor. / Y en sombras la tierra envuelta / como en un fúnebre manto, / miedo causaba y espanto / al pe
lágrima triste en mi dolor vertidaLágrima triste en mi dolor vertida, / perla del corazón que entre tormentas / fue en largas horas de pesar nacida, / en fúnebre memoria convertida / la flor será que a tu corona enlace; / las horas de la vi
lágrima triste en mi dolor…Lágrima triste en mi dolor / vertida, / perla del corazón que entre tormentas / fue en largas horas de pesar nacida, / en fúnebre memoria convertida / la flor será que a tu corona enlace; / las horas de la vi
las campanasYo las amo, yo las oigo, / cual oigo el rumor del viento, / el murmurar de la fuente / o el balido de cordero. / Como los pájaros, ellas, / tan pronto asoma en los cielos / el primer rayo del alba, / le saludan
las rosas en sus troncos se…Las rosas en sus troncos se / secaron, / los lirios blancos en su tallo erguidos / secáronse también, / y airado el viento arrebató sus hojas, / arrebató sus hojas perfumadas / que nunca más veré. / Otras rosas
los tristes1 / De la torpe ignorancia que confunde / lo mezquino y lo inmenso; / de la dura injusticia del más alto, / de la saña mortal de los pequeños, / ¡no es posible que huyáis! cuando os conocen / y os buscan, com
los unos altísimosLos unos altísimos, / los otros menores, / con su eterno verdor y frescura, / que inspira a las almas / agrestes canciones, / mientras gime al chocar con las aguas / la brisa marina de aromas salobres, / van en
meditación en el umbralNo, no es la solución / tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy / ni apurar el arsénico de Madame Bovary / ni aguardar en los páramos de Ávila la visita / del ángel con venablo / antes de liarse el mant
mi tierraA un tiempo, cual sueño / que halaga y asombra, / de los robles las hojas caían, / del saúco brotaban las hojas. / Primavera y otoño sin tregua / turnan siempre templando la atmósfera, / sin dejar que no hiel
negra sombraCuando pienso que te fuiste, / negra sombra que me asombras, / a los pies de mis cabezales, / tornas haciéndome mofa. / Cuando imagino que te has ido, / en el mismo sol te me muestras, / y eres la estrella qu
nunca permita dios que yo te olvideNunca permita Dios que yo te olvide, / mi santa, mi amorosa compañera: / ¡Nunca permita Dios que yo te olvide / aunque por tanto recordarte muera! / Venga hacia mí tu imagen tan amada / y hábleme al alma en
orillas del sarA través del follaje perenne / Que oír deja rumores extraños, / Y entre un mar de ondulante verdura, / Amorosa mansión de los pájaros, / Desde mis ventanas veo / El templo que quise tanto. / El templo que tan
orillas del sar iiOtra vez, tras la lucha que rinde / y la incertidumbre amarga / del viajero que errante no sabe / dónde dormirá mañana, / en sus lares primitivos / halla un breve descanso mi alma. / Algo tiene este blando re
orillas del sar iiiOigo el toque sonoro que entonces / a mi lecho a llamarme venía / con sus ecos que el alba anunciaban, / mientras, cual dulce caricia, / un rayo de sol dorado / alumbraba mi estancia tranquila. / Puro el aire
orillas del sar ivTras de inútil fatiga, que mis fuerzas agota, / caigo en la senda amiga, donde una fuente brota / siempre serena y pura, / y con mirada incierta, busco por la llanura / no sé qué sombra vana o qué esperan
orillas del sar v¡Cuán hermosa es tu vega, oh Padrón, oh Iria Flavia! / Mas el calor, la vida juvenil y la savia / que extraje de tu seno, / como el sediento niño el dulce jugo extrae / del pecho blanco y lleno, / de mi exi
orillas del sar vi¡Oh tierra, antes y ahora, siempre fecunda y bella! / Viendo cuán triste brilla nuestra fatal estrella, / del Sar cabe la orilla, / al acabarme, siento la sed devoradora / y jamás apagada que ahoga el sen
orillas del sar viiYa que de la esperanza, para la vida mía, / triste y descolorido ha llegado el ocaso, / a mi morada oscura, desmantelada y fría, / tornemos paso a paso, / porque con su alegría no aumente mi amargura / la b
pobre alma sola!, no te entristezcas¡Pobre alma sola!, no te entristezcas, / deja que pasen, deja que lleguen / la primavera y el triste otoño, / ora el estío y ora las nieves; / que no tan sólo para ti corren / horas y meses; / todo contigo, s
poesíaÁNGEL / Todo duerme… del aire, el soplo blando / callado va, con temeroso vuelo / el aroma esparciendo de las rosas; / brilla la luna, y sueñan con el cielo / los niños que reposan, contemplando / flores, luz
predestinadosEs el abismo el que le atrae / desde su fondo más oscuro, / para que deje esta vida tan triste / que él ve cubierta de eterno luto. / No bien una sombra se disipa / otra se agranda… se agranda y le envuelve
recuerda el trinar del aveRecuerda el trinar del ave / y el chasquido de los besos; / los rumores de la selva, / cuando en ella gime el viento, / y del mar las tempestades, / y la bronca voz del trueno; / todo halla un eco en las cuer
reginaLos ángeles en la Tierra / no están bien y se van presto. / Regina, entre las donosas / la más donosa doncella, / la más hermosa y más bella / entre las bellas y hermosas; / la más fresca entre las rosas, / la
sed de amores teníaSed de amores tenía, y dejaste / que la apagase en tu boca, / ¡piadosa samaritana! / Y te encontraste sin honra, / ignorando que hay labios que secan / y que manchan cuanto tocan. / ¡Lo ignorabas…, y ahora lo
soledadUn manso río, una vereda estrecha, / un campo solitario y un pinar, / y el viejo puente rústico y sencillo / completando tan grata soledad. / ¿Qué es soledad? Para llenar el mundo / basta a veces un solo pe
te amo... ¿por qué me odias?Te amo… ¿Por qué me odias? / -Te odio… ¿Por qué me amas? / Secreto es éste el más triste / y misterioso del alma. / Mas ello es verdad… ¡Verdad / dura y atormentadora! / -Me odias porque te amo; / te amo porque
te vi una vez de niña…Te vi una vez de niña; / me pareciste flor de primavera / o capullo de rosa que exhalase / su virginal esencia. / Ahora dicen todos / que eres mujer bella… / ¡Quiera Dios que en el lecho de las vírgenes / por l
tú para mí, yo para ti, bien míoI / Tú para mí, yo para ti, bien mío / -murmurábais los dos- / «Es el amor la esencia de la vida, / no hay vida sin amor» . / ¡Qué tiempo aquel de alegres armonías!… / ¡Qué albos rayos de sol!… / ¡Qué tibias no
un desengañoEn las riberas vagando / de la mar, las verdes olas / mira Argelina y contando / las horas que van pasando / vierte lágrimas a solas. / Sus lindos ojos de cielo / en el horizonte fija, / por ver si encuentra un
un recuerdo¡Ay, cómo el llanto de mis ojos quema!… / ¡Cuál mi mejilla abrasa!… / ¡Cómo el rudo penar que me envenena / mi corazón traspasa! / Cómo siento el pesar del alma mía / al empuje violento / del dulce y triste r
una sombra tristísima, indefinible y vagaUna sombra tristísima, indefinible y vaga / Como lo incierto, siempre ante mis ojos va / Tras de otra vaga sombra que sin cesar la huye, / Corriendo sin cesar. / Ignoro su destino…; mas no sé por qué temo
una tarde de paz en el estío…Una tarde de paz en el estío / en que al sopor del caluroso ambiente / se mezclaba lo fresco del rocío. / Hora en que el sol su brillantez perdía, / cubierto allá por las doradas nubes / donde hermosas sus
una vez tuve un clavoUna vez tuve un clavo / clavado en el corazón, / y yo no me acuerdo ya si era aquel clavo / de oro, de hierro o de amor. / Sólo sé que me hizo un mal tan hondo, / que tanto me atormentó, / que yo día y noche
ya duermen en su tumba las pasionesYa duermen en su tumba las pasiones / el sueño de la nada; / ¿es, pues, locura del doliente espíritu, / o gusano que llevo en mis entrañas? / Yo sólo sé que es un placer que duele, / que es un dolor que ato
ya no mana la fuente, se agotó el manantialYa no mana la fuente, se agotó el manantial; / ya el viajero allí nunca va su sed a apagar. / Ya no brota la hierba, ni florece el narciso, / ni en los aires esparcen su fragancia los lirios. / Sólo el ca
ya pasó la estación de los caloresI / Ya pasó la estación de los calores, / y lleno el rostro de áspera fiereza, / sobre los restos de las mustias flores, / asoma el crudo invierno su cabeza. / Por el azul del claro firmamento / tiende sus al
ya que me abandonaste, ¡oh tú…Ya que me abandonaste, ¡oh tú, / esperanza!, / «volved a mí», les dije a mis recuerdos; / mas mi voz resonó hueca y profunda / en un sepulcro abierto. / Cuando me veas pensativo y triste, / no indagues en qué
yo las amo, yo las oigo…Yo las amo, yo las oigo, / cual oigo el rumor del viento, / el murmurar de la fuente / o el balido del cordero. / Como los pájaros, ellas, / tan pronto asoma en los cielos / el primer rayo del alba, / le saluda
yo no sé lo que busco eternamenteYo no sé lo que busco eternamente / en la tierra, en el aire y en el cielo; / yo no sé lo que busco; pero es algo / que perdí no sé cuando y que no encuentro, / aun cuando sueñe que invisible habita / en to
¡ay!, cuando los hijos muerenI / ¡Ay!, cuando los hijos mueren, / rosas tempranas de abril, / de la madre el tierno llanto / vela su eterno dormir. / Ni van solos a la tumba, / ¡ay!, que el eterno sufrir / de la madre, sigue al hijo / a las
¡con qué pura y serena transparencia…I / ¡Con qué pura y serena transparencia / brilla esta noche la luna! / A imagen de la cándida inocencia, / no tiene mancha ninguna. / De su pálido rayo la luz pura / como lluvia de oro cae / sobre las largas c
¡cuán tristes pasan los días!I / ¡Cuán tristes pasan los días!... / ¡cuán breves... cuán largos son!... / Cómo van unos despacio, / y otros con paso veloz... / Mas siempre cual vaga sombra / atropellándose en pos, / ninguno de cuantos fuer
¡silencio, los lebreles!…1 / ¡Silencio, los lebreles / de la jauría maldita! / No despertéis a la implacable fiera / que duerme silenciosa en su guarida. / ¿No veis que de sus garras / penden gloria y honor, reposo y dicha? / Prosiguie