robert louis stevenson
el columpio¿Qué tanto te gusta columpiarte / y tocar en el aire el azul del cielo? / ¡Es de las cosas más emocionantes / que un niño puede hacer en el mundo entero! / Me doy impulso sobre el muro / hasta que puedo ver
mi cuerpo es mi calabozoMi cuerpo, que es mi calabozo, / es también mis parques y mis palacios: / son tan grandiosos que allí siempre estoy, / todo el día, de un lado a otro, despacio; / y cuando la noche empieza a caer / sobre en
muerte, a los muertos para siempreMuerte, a los muertos para siempre, / un Rey, un Dios, el último, el mejor de los amigos. / Cuando este viaje mortal termina, / la Muerte, como una anfitriona, viene sonriendo a la puerta; / y sonriendo n
sin compasión entramos en la nocheSin compasión entramos en la noche, / saliendo del banquete estrepitoso, dejando al salir / un temblor en la memoria de los hombres, / ligero, dulce, frágil como la música. / Rasgos de la cara, los tonos