PAIS POEMA

Libros de manuel acuña

Autores

manuel acuña

a asunción
Mire usted, Asunción: aunque algún ángel / metiéndose envidioso, / conciba allá en el cielo el mal capricho / de venir por la noche a hacerle el oso / y en un acto glorioso / llevársela de aquí, como le ha
a ch...
Si supieras, niña ingrata, / lo que mi pecho te adora; / si supieras que me mata / la pasión que por ti abrigo; / tal vez, niña encantadora, / no fueras tan cruel conmigo. / Si supieras que del alma / con tu de
a josefina pérez
En su álbum / En cambio de los cielos / De amor y sentimiento / Que el alma adolorida / abrió tu inspiración, / Y en cambio de las horas / de olvido al sufrimiento / Que a tu arpa dulce y blanda / le debe el cora
a la eminente actriz salvadora cayrón
Si del boscaje fecundo / No quise flores cortar, / Cuando vi en mi afán profundo / Que al robárselas al mundo / Se las robaba a tu altar, / En mi ansia por tributarte / Mi ofrenda de admiración, / Acudo, señora
a la luna
Oh luna, blanca luna, / que desde el cielo viertes tus fulgores / despecho de todos los vapores / con que la negra noche te importuna; / yo sé que al permitirme la confianza / de que a abusar cantándote me
a la patria
Composición recitada por una niña en Tacubaya de los Mártires, el 11 de septiembre de 1873. / Ante el recuerdo bendito / de aquella noche sagrada / en que la patria alherrojada / rompió al fin su esclavit
a laura
Yo te lo digo, Laura… quien encierra / valor para romper el yugo necio / de las preocupaciones de la tierra. / Quien sabe responder con el desprecio / a los que, amigos del anacronismo, / defienden el pasad
a mi madre en su cumpleaños
Entre los lirios morados / y las camelias hermosas; / entre las mágicas rosas / busqué una flor para ti. / Aunque todas eran puras, / encantadoras y bellas, / ninguna entre todas ellas / que fuese digna creí. / P
a rosario
Esta hoja arrebatada a una corona / que la fortuna colocó en mi frente / entre el aplauso fácil e indulgente / con que el primer ensayo se perdona. / Esta hoja de un laurel que aún me emociona / como en aqu
a un arroyo
A mi hermano Juan de Dios Peza. / Cuando todo era flores tu camino, / cuando todo era pájaros tu ambiente, / cediendo de tu curso a la pendiente / todo era en ti fugaz y repentino. / Vino el invierno con su
a una flor
Cuando tu broche apenas se entreabría / para aspirar la dicha y el contento / ¿te doblas ya y cansada y sin aliento, / te entregas al dolor y a la agonía? / ¿No ves, acaso, que esa sombra impía / que ennegr
adiós
A… / Después de que el destino / me ha hundido en las congojas / del árbol que se muere / crujiendo de dolor, / truncando una por una / las flores y las hojas / que al beso de los cielos / brotaron de mi amor. / De
adiós a méxico
Pues que del destino en pos / débil contra su cadena, / frente al deber que lo ordena / tengo que decirte adiós; / Antes que mi boca se abra / para dar paso a este acento, / la voz de mi sentimiento / quiere ha
al moño de merced
Me cuentan que ibas corriendo / como una sílfide alada, / cuando de tus blondas trenzas / te lo robaron las auras; / no sé yo de tal historia / si es cierta o es inventada; / pero lo que sé es que ardiendo / de
al poeta mártir juan díaz covarrubias
I / Hoy que de cada laúd / Se eleva un canto a tu muerte, / Con la que supiste hacerte / Un altar del ataúd; / Unido a esa juventud / Que tu historia viene a hojear, / Mientras ella alza el cantar / Que en su pec
aliento de la mañana…
Aliento de la mañana / que vas robando en tu vuelo / la esencia pura y temprana / que la violeta lozana / despide en vapor al cielo: / Dime, soplo de la aurora, / brisa inconstante y ligera, / ¿vas por ventura
amor
¡Amar a una mujer, sentir su aliento, / y escuchar a su lado / lo dulce y armonioso de su acento; / tener su boca a nuestra boca unida / y su cuello en el nuestro reclinado, / es el placer mas grato de la v
ante el recuerdo bendito…
Ante el recuerdo bendito / de aquella noche sagrada / en que la patria aherrojada / rompió al fin su esclavitud; / ante la dulce memoria / de aquella hora y de aquel día, / yo siento que en el alma mía / canta
ante un cadáver
¡Y bien! Aquí estás ya…, sobre la plancha / donde el gran horizonte de la ciencia / la extensión de sus límites ensancha. / Aquí, donde la rígida experiencia / viene a dictar las leyes superiores / a que es
cineraria ante el cadáver de la sra. luz presa
Jamás pensé al venir a estas regiones / Que mis palabras últimas serían / Para hablar a un cadáver… / Ni nunca que las notas de mi canto / Al perderse en el aire sonarían / Mezcladas con el eco de mi llanto
cuando a su nido vuela el ave pasajera…
Cuando a su nido vuela el ave pasajera / a quien amparo disteis, abrigo y amistad / es justo que os dirija su cántiga postrera, / antes que triste deje, vuestra natal ciudad. / Al pájaro viajero que aband
cuando todo era flores tu camino…
Cuando todo era flores tu camino, / cuando todo era pájaros tu ambiente, / cediendo de tu curso a la pendiente / todo era en ti fugaz y repentino. / Vino el invierno con sus nieblas, vino / el hielo que hoy
de aquí solo sale indiana…
De aquí solo sale indiana, / de aquí sale manta y lona, / de aquí sale la ladrona, / que se robó la manzana.
de los tres cielos que recorre el hombre…
De los tres cielos que recorre el hombre / de la existencia en la medida impía, / cuando la gloria me enseñó tu nombre / yo estaba en el primero todavía. / La pena que del pecho / hasta el abismo lóbrego de
después de que el destino…
Después de que el destino / me ha hundido en las congojas / del árbol que se muere / crujiendo de dolor, / truncando una por una / las flores y las hojas / que al beso de los cielos / brotaron de mi amor. / Despu
dos víctimas
¿Se acuerda usted de Juan, de aquel muchacho / de quien le dije a usted / que eran aquellos cuadros tan bonitos / y el paisajito aquel? / ¿Sí?, pues señor, ayer por la mañana / como a eso de las diez, / se su
el giro
Romancero de la Guerra de Independencia / I / Medio oculta entre la selva / como un nido entre las ramas, / y medio hundido en el fondo / tranquilo de una cañada, / allá por aquellos tiempos / hubo en Landín un
el hombre
Allá va… como un átomo perdido / que se alza, que se mece, / que luce y que después desvanecido / se pierde entre lo negro y desaparece. / Allá va… en su mirada / quién sabe qué fulgura de profundo, / de gran
el reo a muerte
Esa noche, ardiendo el pueblo / de animación y entusiasmo / bajo el influjo sublime / de tu genio soberano, / todo era bravos y dianas, / todo era vivas y aplausos, / todo cariño en los ojos / todo cariño en lo
en alas del pensamiento: estrofas para asunción
I / Dormía el mundo la siesta de los siglos / y el continuo sueño de ignorancia, / jamás el hombre contempló vestiglos / ni rindió por tributo su ignorancia; / dormía entonces el mundo / sin luz del pensamien
en el tercer aniversario de la sociedad filoiátrica y de beneficencia
Falange de soñadores / Que de tu delirio en pos / Marchas entre los negrores / De la vida a los fulgores / Que en tu alma refleja Dios. / Juventud grande y ardiente / Que a la luz que centellea / Tu porvenir es
entonces y hoy
Ese era el cuadro que, al romper la noche, / sus velos de crespón, / alumbró, atravesando las ventanas, / la tibia luz del sol: / un techo que acababa de entreabrirse / para que entrara Dios, / una lámpara pá
epitalamio
Pues que en tu cielo aún brilla / la luz de la esperanza, / Pues que en tu mundo aún vierte / la fe su resplandor, / Poeta, duerme y sueña / mientras que tu alma avanza / Por esa blanca huella / que te abre en
era muy niña maría…
Era muy niña María, / todavía, / cuando me dijo una vez: / -Oye, ¿por qué se sonríen / las flores tan dulcemente, / cuando las besa el ambiente / sobre su aromada tez? / -Ya lo sabrás mas delante / niña amante, / l
goza, goza, niña pura…
Dolora / (Imitación) / Goza, goza, niña pura, / Mientras en la infancia estás; / Goza, goza esa ventura / Que dura lo que una rosa. / -¿Qué?, ¿tan poco es lo que dura? / -Ya verás niña graciosa, / ya verás. / Hoy e
gracias
¡A ti, niña, la voz del sentimiento, / la palabra dulcísima y serena…! / que me has hecho, al arrullo de tu acento, / olvidar este eterno sufrimiento / al que Dios o la suerte me condena. / ¡A ti… la blanca
historia del pensamiento
Cuando a su nido vuela el ave pasajera / A quien amparo disteis, abrigo y amistad / Es justo que os dirija su cántiga postrera, / Antes que triste deje, vuestra natal ciudad. / Al pájaro viajero que aband
hojas secas
I / Mañana que ya no puedan / encontrarse nuestros ojos, / y que vivamos ausentes, / muy lejos uno del otro, / que te hable de mí este libro / como de ti me habla todo. / II / Cada hoja es un recuerdo / tan triste
hoy es nuestro cumpleaños…
CORO / Hoy es nuestro cumpleaños, / hoy es la luz del día, / La misma de aquel día / que nos sintió vivir, / Cuando era nuestra gloria / la niña que nacía, / Cuando era el sol la ciencia, / y el cielo el porvenir
hubo una selva y un nido…
Hubo una selva y un nido / y en ese nido un jilguero / que alegre y estremecido, / tras de un ensueño querido / cruzó por el mundo entero. / Que de su paso en las huellas / sembró sus notas mejores, / y que rec
humanidad pigmea…
Humanidad pigmea, / tú que proclamas la verdad y el Cristo, / mintiendo caridad en cada idea; / tú que, de orgullo el corazón beodo, / por mirar a la altura / te olvidas de que marchas sobre lodo; / tú que di
iba llorando la ausencia…
Iba llorando la Ausencia / con el semblante abatido / cuando se encontró en presencia / del Olvido, / que al ver su faz marchitada, / le dijo con voz turbada: / sin colores, / -“Ya no llores niña bella, / ya no l
inscripción en un cráneo
Página en que la esfinge de la muerte / con su enigma de sombrea nos provoca: / ¿Cómo poderte descifrar, si es poca / toda la luz del sol para leerte?
junto a una pulquería…
Cuadro de costumbres / Junto a una pulquería / cuyo título es “Los Godos” / disputaban dos beodos / la tarde de cierto día. / Yo que pasaba por fuera / de la taberna predicha, / me detuve y por mi dicha / oí la d
la ausencia del olvido
DOLORA / A Lola / Iba llorando la Ausencia / con el semblante abatido / cuando se encontró en presencia / del Olvido, / que al ver su faz marchitada, / le dijo con voz turbada: / sin colores, / «Ya no llores niña b
la brisa
A mi querido amigo J.C. Fernández / Aliento de la mañana / que vas robando en tu vuelo / la esencia pura y temprana / que la violeta lozana / despide en vapor al cielo. / Dime, soplo de la aurora, / brisa incon
la felicidad
Un cielo azul de estrellas / brillando en la inmensidad; / un pájaro enamorado / cantando en el florestal; / por ambiente los aromas / del jardín y el azahar; / junto a nosotros el agua / brotando del manantial
la gloria: canto primero
CANTO PRIMERO / LA CABEZA SIN CORONA / I / Como decir veinte años es lo mismo / Que decir corazón, ternura, amores, / Arranques, heroísmo, / Cielos, celajes, pájaros y flores, / Y a falta de otros útiles mejore
la gloria: canto segundo
CANTO SEGUNDO / LA CORONA SIN CABEZA / I / Entre el canto primero y el segundo / Han pasado dos años, / Y como todo pasa en este mundo, / Que si en algo es fecundo / Es por desgracia eterna, en desengaños, / Aque
la vida del campo
Yo no sé si el señor Horacio Flaco / fue quien se alzó el primero, / echando a noramala la cultura / y hablando de la dicha y la ventura / que se goza viviendo a lo ranchero; / yo no sé si el buen vate pose
lágrimas
Aún era yo muy niño, cuando un día, / cogiendo mi cabeza entre sus manos / y llorando a la vez que me veía / “¡Adiós! ¡Adiós!” me dijo; / “Desde este instante un horizonte nuevo / se presenta a tus ojos; / va
las ruinas
I / Las ruinas solamente / quedaban del santuario, / Y en medio de las ruinas / la virgen del altar; / Conmigo llegó un ave, / y en trino dulce y vario / Volando en torno de ella / su acento empezó a alzar. / La vi
mañana que ya no puedan…
I / Mañana que ya no puedan / encontrarse nuestros ojos, / y que vivamos ausentes, / muy lejos uno del otro, / que te hable de mí este libro / como de ti me habla todo. / II / Cada hoja es un recuerdo / tan triste
mentira el ¡más allá!  ¡mentira el alma!…
Mentira el ¡más allá! ¡Mentira el alma / Que el retroceso impuro / Hace nacer llenando lo futuro, / Del triste cementerio entre la calma! / ¡Engaño esa creación que el fanatismo / Hace brotar del último lam
mentiras de la existencia
¡Qué triste es vivir soñando / en un mundo que no existe! / Y qué triste / ir viviendo y caminando, / sin fe en nuestros delirios, / de la razón con los ojos, / que si hay en la vida lirios, / son muchos mas lo
mi alma, la pobre mártir…
Mi alma, la pobre mártir / de mis ensueños dulces y queridos, / la viajera del cielo, que caminas / con la luz de un delirio ante los ojos, / no encontrando a tu paso más que abrojos / ni sintiendo en tu fr
mire usted, asunción: aunque algún ángel…
Mire usted, Asunción: aunque algún ángel / Metiéndose envidioso, / Conciba allá en el cielo el mal capricho / De venir por la noche a hacerle el oso / Y en un acto glorioso / Llevársela de aquí, como le ha
misterio
Si tu alma pura es un broche / que para abrirse a la vida / quiere la calma adormecida / de las sombras de la noche; / si buscas como un abrigo / lo más tranquilo y espeso, / para que tu alma y tu beso / se enc
nada sobre nada
Poesía leída en la velada literaria que celebró la Sociedad «El Porvenir» la noche del 3 de mayo de 1873. / Pues, señor, dije yo, ya que es preciso / puesto que así lo han dicho en el programa, / que ro
nocturno
A Rosario / ¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro, / decirte que te quiero con todo el corazón; / que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro, / que ya no puedo tanto, y al grito en que t
nocturno a rosario
¡Pues bien! yo necesito / decirte que te adoro / decirte que te quiero / con todo el corazón; / que es mucho lo que sufro, / que es mucho lo que lloro, / que ya no puedo tanto / al grito que te imploro, / te impl
oblación
Cuando la aurora enciende las montañas, / Y el águila que duerme / Se siente acariciada por sus besos, / El águila se agita entre las rocas / De su salvaje y solitario nido, / Tiende la vista al cielo, / Domi
oda
Leída en la sesión que el Liceo Hidalgo celebró en honor de Doña Gertrudis Gómez de Avellaneda. / De los tres cielos que recorre el hombre / de la existencia en la medida impía, / cuando la gloria me en
oda: a la memoria del eminente naturalista doctor leonardo oliva
Si eso fuera, si fuera cierto / Que la última palabra de la vida / Es la palabra débil y no oída / Con que del mundo se despide un muerto; / Si la existencia humana / Sólo durara lo que dura un soplo / Que la
oda: ante el cadáver del dr. josé b. de villagrán
Si la vida es un cielo, y si la muerte / Es la noche más negra de ese cielo, / Cuando el hombre al morir deja encendida / La luz inmaculada de sus huellas; / Cuando igual a la tarde, / Sucumbe coronándose d
página en que la esfinge de la muerte
Página en que la esfinge de la muerte / con su enigma de sombra nos provoca: / ¿Cómo poderte descifrar, si es poca / toda la luz del sol para leerte?
pobre flor
—«¿Por qué te miro así tan abatida, / pobre flor? / ¿En dónde están las galas de tu vida / y el color? / »Dime, ¿por qué tan triste te consumes, / dulce bien?» / —«¿Quién?, ¡el delirio devorante y loco / de un
por eso
Porque eres buena, inocente / como un sueño de doncella, / porque eres cándida y bella / como un nectario naciente. / Porque en tus ojos asoma / con un dulcísimo encanto, / todo lo hermoso y lo santo / del alma
porque dejaste el mundo de dolores…
Porque dejaste el mundo de dolores / buscando en otro cielo la alegría / que aquí, si nace, solo dura un día / y eso entre sombras, dudas y temores. / Porque en pos de otro mundo y de otras flores / abandon
pueblo: tú que prorrumpes en gigantes…
Oda / Pueblo: tú que prorrumpes en gigantes / himnos de admiración y de entusiasmo / ante el arte y lo bello; / tú, de cuya alma toma / la vestal de la gloria y de la fama / fuego para encender a su destello /
pues, señor, dije yo, ya que es preciso…
Pues, señor, dije yo, ya que es preciso / puesto que así lo han dicho en el programa, / que rompa ya la bendecida prosa / que preparado para el caso había, / y que escriba en vez de ella alguna cosa / así,
quince de septiembre
Después de aquella página sombría / en que trazó la historia los detalles / de aquel horrible día, / cuando la triste Méxitli veía / sembradas de cadáveres sus calles; / después de aquella página de duelo / p
rasgo de buen humor
¿Y qué? ¿Será posible que nosotros / tanto amemos la gloria y sus fulgores, / la ciencia y sus placeres, / que olvidemos por eso los amores, / y más que los amores, las mujeres? / ¿Seremos tan ridículos y n
resignación
¡Sin lágrimas, sin quejas, / sin decirnos adiós, sin un sollozo! / cumplamos hasta lo último… la suerte / nos trajo aquí con el objeto mismo, / los dos venimos a enterrar el alma / bajo la losa del esceptic
romancero de la guerra de independencia
El Giro / I / Medio oculta entre la selva / como un nido entre las ramas, / y medio hundido en el fondo / tranquilo de una cañada, / allá por aquellos tiempos / hubo en Landín una casa / que no por ser tan sencil
sabiendo, como sé, que en esta vida…
Sabiendo, como sé, que en esta vida / Todo es llanto, tristeza y amargura, / Y que no hay ni siquiera una criatura / Que no lamente una ilusión perdida. / Sabiendo que la dicha apetecida / Es la sombra y no
si supieras, niña ingrata…
Si supieras, niña ingrata, / lo que mi pecho te adora; / si supieras que me mata / la pasión que por ti abrigo; / tal vez, niña encantadora, / no fueras tan cruel conmigo. / Si supieras que del alma / con tu de
sí, mi amigo don gregorio…
Sí, mi amigo don Gregorio, / tiene usted mucha razón, / eso mismo que usted dice, / eso mismo que digo yo… / I / Juzga usted que es una plaga, / que es un castigo de Dios, / esa turba de mocosos / sin quehacer ni
sombras gigantes de scipión y ciro…
Sombras gigantes de Scipión y Ciro, / De César y Alejandro, / Nos os alcéis de la tumba a mis acentos; / Que si es verdad que vuestra gloria admiro, / Me espanta vuestra gloria resonando / Entre ayes de dol
sonaron las campanas de dolores…
Sonaron las campanas de Dolores, / voz de alarma que el cielo estremecía, / y en medio de la noche surgió el día / de augusta Libertad con los fulgores. / Temblaron de pavor los opresores, / e Hidalgo audaz
soneto
Porque dejaste el mundo de dolores / buscando en otro cielo la alegría / que aquí, si nace, sólo dura un día, / y eso entre sombras, dudas y temores. / Porque en pos de otro mundo y de otras flores / abando
tres eran, mas la inglaterra…
I / Tres eran, mas la Inglaterra / Volvió a lanzarse a las olas, / Y las naves españolas / Tomaron rumbo a su tierra; / Sólo Francia gritó: «¡Guerra!» / Soñando ¡oh patria! en vencerte, / Y de la infamia y la s
un sueño
A Ch…. / ¿Quieres oír un sueño?… / Pues anoche / vi la brisa fugaz de la espesura / que al rozar con el broche / de un lirio que se alzaba en la pradera / grabó sobre él un «beso», / perdiéndose después rauda y
un suspiro
Si llega a tu ventana una paloma / blanca y hermosa como el casto armillo, / recíbela en tu pecho, Lola bella, / y dale un beso en su rosado pico. / Que la paloma al recibir tus besos / ha deentregarte los
una limosna
¡Entrad!, en mi aposento / Donde sólo se ven sombras, / Está una mujer muriendo / Entre insufribles congojas… / Y a su cabecera tristes / Dos niñas bellas que lloran, / Y que entrelazan sus manos / Y que gimen
uno y quinientos
Pensando las quinientas unidades / Que el número quinientos componían / Que si quinientas eran / Al uno y nada más se lo debían; / En sociedad se unieron, y los miembros, / Sin vacilar ni protestar alguno, /
ya sé por qué es
DOLORA / A Elmira / Era muy niña María, / todavía, / cuando me dijo una vez: / —Oye, ¿por qué se sonríen / las flores tan dulcemente, / cuando las besa el ambiente / sobre su aromada tez? / —Ya lo sabrás más delant
ya verás
Goza, goza, niña pura, / Mientras en la infancia estás; / Goza, goza esa ventura / Que dura lo que una rosa. / ¿Qué?, ¿tan poco es lo que dura? / Ya verás niña graciosa, / ya verás. / Hoy es un vergel risueño / L
¡oh, tú que a la llegada de mi santo!…
¡Oh, tú que a la llegada de mi santo / Tu tarjeta y tus plácemes me envías / En prueba de las buenas simpatías / Con que has sabido distinguirme tanto! / ¡Oh, tú que en vez de música y de canto, / Y en vez
¡pues bien! yo necesito…
¡Pues bien! yo necesito / decirte que te adoro / decirte que te quiero / con todo el corazón; / que es mucho lo que sufro, / que es mucho lo que lloro, / que ya no puedo tanto / y al grito en que te imploro, / te
¡salve!
En unos premios / Hoy que radiante de vida, / de ensueños y de placer, / vienes, juventud querida, / a palpar estremecida / tus ilusiones de ayer. / Hoy que la gloria sonriente / que con sus gracias te atrajo, /
«¡allá!» se dijo, y extendiendo al aire…
«¡Allá!» se dijo, y extendiendo al aire / Las gigantescas plumas, / Con la mirada fija en los fulgores / Que a través de las brumas / Conducen en su vuelo a los cóndores, / Subió asentando la atrevida garra
«¿por qué te miro así tan abatida?…
«¿Por qué te miro así tan abatida, / pobre flor? / ¿En dónde están las galas de tu vida / y el color? / »Dime, ¿por qué tan triste te consumes, / dulce bien?» / —«¿Quién?, ¡el delirio devorante y loco / de
¿quieres oír un sueño?…
¿Quieres oír un sueño?… / Pues anoche / vi la brisa fugaz de la espesura / que al rozar con el broche / de un lirio que se alzaba en la pradera / grabó sobre él un “beso”, / perdiéndose después rauda y ligera