juan ramón jiménez
a dios en primaveraSeñor, matadme, si queréis. / (Pero, señor, ¡no me matéis!) / Señor dios, por el sol sonoro, / por la mariposa de oro, / por la rosa con el lucero, / los corretines del sendero, / por el pecho del ruiseñor, / p
a la rosa¡Qué mejor oración, / qué mayor ansia / que sonreír a las rosas / de la mañana; / ponernos su alma bella / en nuestra alma; / desearlo todo / con su fragancia!
a los siglos¡Venid, siglos venideros, / tened! Y ahora, huid, volad, / que ya os volveré a cojer / antes de vuestro final.
a mi almaSiempre tienes la rama preparada / para la rosa justa; andas alerta / siempre, el oído cálido en la puerta / de tu cuerpo, a la flecha inesperada. / Una onda no pasa de la nada, / que no se lleve de tu somb
a mis penasCuando lloraba yo tanto, / cuando yo tanto sufría, / mis penas, sólo mis penas, / fueron constantes amigas; / me quedé sin ilusiones, / me quedé sin alegrías, / volaron mis esperanzas, / y en el mar de mi desdi
abrilEl chamariz en el chopo. / -¿Y qué más? / El chopo en el cielo azul. / – ¿Y qué más? / El cielo azul en el agua. / – ¿Y qué más? / El agua en la hojita nueva. / – ¿Y qué más? / La hojita nueva en la rosa. / – ¿Y qu
abril (se vistió la nieve)Se vistió la nieve / de vagos carmines. / ¿Me quieres?, me dijo. / ¡Te quiero!, le dije. / Me besó en la boca / con un beso inmenso. / Abril vino al mundo / Y yo quedé muerto.
acabas de salir de tu alcoba... yo he entradoAcabas de salir de tu alcoba… Yo he entrado. / está desarreglada, deshojada, marchita… / sobre una silla de oro, el corsé perfumado / que llevabas la tarde de la última cita… / En el sofá -¡oh recuerdos!-
adolescenciaEn el balcón, un instante / nos quedamos los dos solos. / Desde la dulce mañana / de aquel día, éramos novios. / «El paisaje soñoliento / dormía sus vagos tonos, / bajo el cielo gris y rosa / del crepúsculo de
agua en el aguaQuisiera que mi vida / se cayera en la muerte, / como este chorro alto de agua bella / en el agua tendida matinal; / ondulado, brillante, sensual, alegre, / con todo el mundo diluido en él, / en gracia nítida
agua mujer¿Qué me copiaste en ti, / que cuando falta en mí / la imagen de la cima, / corro a mirarme en ti?
ahogada¡Su desnudez y el mar! / Ya están, plenos, lo igual / con lo igual. / La esperaba, / desde siglos el agua, / para poner su cuerpo / solo en su trono inmenso. / Y ha sido aquí en Iberia. / La suave playa céltica / s
ajuste¡Qué difícil es unir / el tiempo de frutecer / con el tiempo de sembrar! / (El mundo jira que jira, / ruedas que nunca se unen / en una rueda total) / ¡Un solo día de vida, / un día completo y todo, / que no se a
álamo blancoArriba canta el pájaro / y abajo canta el agua. / (Arriba y abajo, / se me abre el alma). / ¡Entre dos melodías, / la columna de plata! / Hoja, pájaro, estrella; / baja flor, raíz, agua. / ¡Entre dos conmociones,
alegría nocturna¡Allá va el olor / de la rosa! / ¡Cójelo en tu sinrazón! / ¡Allá va la luz / de la luna! / ¡Cójela en tu plenitud! / ¡Allá va el cantar / del arroyo! / ¡Cójelo en tu libertad!
alguna noche que he idoAlguna noche que he ido / solo al jardín, por los árboles / he visto un hombre enlutado / que no deja de mirarme. / Me sonríe y, lentamente, / no sé cómo, va acercándose, / y sus ojos quietos tienen / un brillo
amorNo, no has muerto, no. / Renaces, / con las rosas en cada primavera. / Como la vida, tienes / tus hojas secas; tienes tu nieve, como / la vida… / Mas tu tierra, / amor, está sembrada / de profundas promesas, / que
anda el agua de alboradaDoraba la luna el río / -¡fresco de la madrugada!-. / Por el mar venían olas / teñidas de luz de alba. / El campo débil y triste / se iba alumbrando. Quedaba / el canto roto de un grillo, / la queja oscura de u
andandoAndando, andando. / Que quiero oír cada grano / de la arena que voy pisando. / Andando. / Dejad atrás los caballos, / que yo quiero llegar tardando / (andando, andando) / dar mi alma a cada grano / de la tierra q
andando (sueño)Andando, andando; / que quiero oír cada grano / de la arena que voy pisando. / Andando, andando; / dejad atrás los caballos, / que yo quiero llegar tardando / -andando, andando-, / dar mi alma a cada grano / de l
ante la sombra virgenSiempre yo penetrándote, / pero tú siempre virgen, / sombra; como aquel día / en que primero vine / llamando a tu secreto, / cargado de afán libre. / ¡Virgen oscura y plena, / pasada de hondos iris / que apenas s
anunciación¡Trasunto de cristal, / bello como un esmalte de ataujía! / Desde la galería / esbelta, se veía / el jardín. Y María, / virjen, tímida, plena / de gracia, igual que una azucena, / se doblaba al anuncio celestia
aquella tarde, al decirleAquella tarde, al decirle / que me alejaba del pueblo, / me miró triste, muy triste, / vagamente sonriendo. / Me dijo: ¿Por qué te vas? / Le dije: Porque el silencio / de estos valles me amortaja / como si estu
árboles hombresAyer tarde, / volvía yo con las nubes / que entraban bajos rosales / (grande ternura redonda) / entre los troncos constantes. / La soledad era eterna / y el silencio inacabable. / Me detuve como un árbol / y oí h
astrosPor fuera luz de plata, / por dentro fuego rojo, / como los cuerpos mundos / del eterno tesoro.
azucena y solNada me importa vivir / con tal de que tú suspires, / (por tu imposible yo, / tú por mi imposible) / Nada me importa morir / si tú te mantienes libre / (por tu imposible yo, / tú por mi imposible)
balada de la mañana de la cruzDios está azul. La flauta y el tambor / anuncian ya la cruz de primavera. / Vivan las rosas, las rosas del amor / entre el verdor con sol de la pradera! / Vámonos, vámonos al campo por romero, / vámonos, vá
banqueraEn las noches de plata, bajo los terciopelos / del trust del Paraíso, da una vuelta a la llave, / y rodando, se va a la ajencia de los cielos, / a hacerle un préstamo de grasa a la vieja nave. / Inspiránd
belleza cotidiana - amor tranquiloBelleza cotidiana -amor tranquilo-, / ¡qué bella eres ahora! / ¡Sí, en todo vives tú! ¡Mata que fue / esqueleto sin luz, hoy toda es rosas; / vereda que te ibas, como el enterrador / al cementerio, por la g
cada hora mía me pareceCada hora mía me parece / el agujero que una estrella / atraída a mi nada, con mi afán, / quema en mi alma. / Y ¡ay, cendal de mi vida, / agujereado como un paño pobre, / con una estrella viva viéndose / por ca
cállate, por dios, que tú¡Cállate, por Dios, que tú / no vas a saber decírmelo! / ¡Deja: que abran todos mis / sueños y todos mis lirios! / Mi corazón oye bien / la letra de tu cariño… / El agua lo va temblando, / entre las flores del
canción de inviernoCantan. Cantan. / ¿Dónde cantan los pájaros que cantan? / Ha llovido. Aún las ramas / están sin hojas nuevas. Cantan. Cantan / los pájaros. ¿En dónde cantan / los pájaros que cantan? / No tengo pájaros en jau
cantan. cantan…Cantan. Cantan. / ¿Dónde cantan los pájaros que cantan? / Ha llovido. Aún las ramas / están sin hojas nuevas. Cantan. Cantan / los pájaros. ¿En dónde cantan / los pájaros que cantan? / No tengo pájaros en jau
cárcelLa media puesta de sol / tiñe con su grana de oro / mi otro medio corazón.
cénitYo no seré yo, muerte, / hasta que tú te unas con mi vida / y me completes así todo; / hasta que mi mitad de luz se cierre / con mi mitad de sombra / –y sea yo equilibrio eterno / en la mente del mundo: / unas
color¡Color que, un momento, el humo / toma del sol que lo pasa; / vida mía, vida mía, / fugaz y coloreada!
como me miras... por si yo pudiesePajarillo cojido, de tu pecho dulce / por el águila negra de la muerte, / ¡cómo me miras con tu ojito triste! / (negro plenor sangriento de luz débil). / Desde debajo de la garra inmensa, / que para siempre
con las rosasNo, esta dulce tarde / no puedo quedarme; / esta tarde libre / tengo que irme al aire. / Al aire que ríe / abriendo los árboles, / amores a miles, / profundo, ondeante. / Me esperan las rosas / bañando su carne. / ¡N
con lilas llenas de aguaCon lilas llenas de agua, / le golpeé las espaldas. / y toda su carne blanca / se enjoyó de gotas claras. / ¡Ay, fuga mojada y cándida, / sobre la arena perlada! / -La carne moría, pálida, / entre los rosales g
convalecenciaSólo tú me acompañas, sol amigo. / Como un perro de luz, lames mi lecho blanco; / y yo pierdo mi mano por tu pelo de oro, / caída de cansancio. / ¡Qué de cosas que fueron / se van… más lejos todavía! / Callo /
cuando tú quierasCuando tú quieras, muerte. / Te he vencido. / ¡Qué poquito / puedes ya contra mí!
cuando, dormida tú, me echo en tu almaCuando, dormida tú, me echo en tu alma / y escucho, con mi oído / en tu pecho desnudo, / tu corazón tranquilo, me parece / que, en su latir hondo, sorprendo / el secreto del centro / del mundo. Me parece / que
de tu lecho alumbrado de luna me veníanDe tu lecho alumbrado de luna me venían / no sé qué olores tristes de deshojadas flores; / heridas por la luna, las arañas reían / ligeras sonatinas de lívidos colores… / Se iba por los espejos la hora am
desnudosPor el mar vendrán / las flores del alba / (olas, olas llenas / de azucenas blancas), / el gallo alzará / su clarín de plata. / (¡Hoy! te diré yo / tocándote el alma) / ¡O, bajo los pinos, / tu desnudez malva, / tus
después que entre las flores de la tarde una manoDespués que entre las flores de la tarde una mano, / que es de nardo y de alas, cerró la sinfonía / romántica de Schubert, aún sonaba el piano / sonoro de fragancias y de melancolía. / Dijo Blanca: No ent
dios de amorLo que queráis, señor; / y sea lo que queráis. / Si queréis que entre las rosas / ría hacia los matinales / resplandores de la vida, / que sea lo que queráis. / Si queréis que entre los cardos / sangre hacia la
dios primeroDías negros cual los días / de parada indiferencia / de dios antecreador. / (Todo duro, entero todo, / en mole de un orden negro, / como un yo tan sólo yo.) / De pronto, un día de gracia, / todo me ve con mis o
donadorYo no soy yo. / Soy este / que va a mi lado sin yo verlo; / que, a veces, voy a ver, / y que, a veces, olvido. / El que calla, sereno, cuando hablo, / el que perdona, dulce, cuando odio, / el que pasea por dond
el adolescenteEl alba me sorprende / buscando entre los lirios / la huella de tu paso. / ¡Imajen del naciente, / que yerras en los hilos / del renacer temprano! / ¿En dónde el blanco tenue / que luzca en el sol fino, / por el
el amorEl amor, a qué huele? Parece, cuando se ama, / que el mundo entero tiene rumor de primavera. / Las hojas secas tornan y las ramas con nieve, / y él sigue ardiente y joven, oliendo a rosa eterna. / Por tod
el cambioLo terreno, por ti, / se hizo gustoso / celeste. / Luego, / lo celeste, por mí, / contento se hizo / humano.
el dechado¡Qué hermosa muestra eres, cielo azul del día, / a los despiertos ojos, / de lo despierto! / ¡Qué ejemplo hermoso eres, cielo azul nocturno, / a los ojos dormidos, / de lo que sueña!
el descensoSí, esta tarde no es imajen, / las nubes son rosas, sí, / las rosas son vida, sí. / Esta tarde tú eres tú, / no es nube el amor en mí, / es vida la rosa en mí.
el día belloY en todo desnuda tú. / He visto la aurora rosa / y la mañana celeste, / he visto la tarde verde / y he visto la noche azul. / Y en todo desnuda tú. / Desnuda en la noche azul, / desnuda en la tarde verde / y en
el día menos¡Ya se arreglarán los sueños, / mañana se arreglarán! / ¡Hoy, a soltar y a gozar! / Hoy para encontrar el amigo, / para olearse en los dos ríos, / para hablar con duras mujeres; / hoy para irisarse de césped,
el enlace¡Qué lejos, azul, el cielo, / de la tierra pobre! Pero / los dos son el día bueno.
el hechoCuando ella se ha ido, / es cuando yo la miro. / Luego, cuando ella viene, / ella desaparece.
el impulsoSubes de ti misma, / como un surtidor / de una fuente. / No / se sabe hasta donde / llegará tu amor, / porque no se sabe / dónde está el venero / de tu corazón. / (Eres ignorada, / eres infinita, / como el mundo y yo)
el llegadoNo me mirarán diciendo: «¿Qué eres?», / sino sin curiosidad y noblemente. / Porque yo seré también de los quietos, / y ya no tendré difíciles los pensamientos. / Mis ojos serán, tranquilos, los suyos. / Los
el mar lejanoLa fuente trueca su cantata. / Se mueven todos los caminos… / Mar de la aurora, mar de plata, / ¡qué nuevo estás entre los pinos! / Viento del sur ¿vienes sonoro / de granas? Ciegan los caminos… / Mar de la s
el más soloSiempre, después, qué contento / cuando me quedo conmigo. / Lo que iba a ser mi minuto, / es, corazón, mi infinito.
el nostálgico doble¿Mar desde el huerto, / huerto desde el mar? / ¿Ir con el que pasa cantando, / oírlo desde lejos cantar?
el nostáljico doble¿Mar desde el huerto, / huerto desde el mar? / ¿Ser el que pasa cantando, / oírlo desde lejos cantar?
el oasisVerde brillor sobre el oscuro verde. / Nido profundo de hojas y rumor, / donde el pájaro late, el agua vive, / y el hombre y la mujer callan, tapados / (el áureo centro abierto en torno / de la desnudez úni
el otoñadoEstoy completo de naturaleza, / en plena tarde de áurea madurez, / alto viento en lo verde traspasado. / Rico fruto recóndito, contengo / lo grande elemental en mí (la tierra, / el fuego, el agua, el aire),
el pajarito verdeNo recuerdo… / Ya no viene el cavador / que cavaba en el venero. / No recuerdo… / Sobre la mina han caído / mil siglos de suelos nuevos. / No recuerdo… / El mundo se acabará. / No se encontrará el secreto.
el pájaro del aguaPájaro del agua / ¿qué cantas, qué encantas? / A la tarde nueva / das una nostalgia / de eternidad fresca, / de gloria mojada. / El sol se desnuda / sobre tu cantata. / ¡Pájaro del agua! / Desde los rosales / de mi j
el poeta a caballo¡Qué tranquilidad violeta / por el sendero a la tarde! / A caballo va el poeta… / ¡Qué tranquilidad violeta! / La dulce brisa del río, / olorosa a junco y agua, / le refresca el señorío… / La brisa leve del río
el poseedorNo recuerdo… / (Ya no viene el cavador / que cavaba en el venero) / No recuerdo… / (Sobre la mina han caído / mil siglos de suelos nuevos) / No recuerdo… / (El mundo se acabará. / No volverá mi secreto)
el recuerdoComo médanos de oro, / que vienen y que van / en el mar de la luz, / son los recuerdos. / El viento se los lleva, / y donde están están, / y están donde estuvieron / y donde habrán de estar… / (Médanos de oro). / L
el ritmoTira la piedra de hoy, / olvida y duerme. Si es luz, / mañana la encontrarás / ante la aurora, hecha sol.
el ser unoQue nada me invada de fuera, / que sólo me escuche yo dentro. / Yo dios / de mi pecho. / (Yo todo: poniente y aurora; / amor, amistad, vida y sueño. / Yo solo / universo). / Pasad, no penséis en mi vida, / dejadme
el todoNo recordar nada… / Que me hunda la noche callada, / como una bandada / blanda y acabada. / (Que no quede nada… / Que pase la mujer amada / por una dejada / estancia soñada) / No desear nada… / Perderse en la idea
el valle(Anda el agua de alborotada. Romance popular). / Doraba la luna el río / (¡fresco de la madrugada!) / Por el mar venían las olas / teñidas de luz de alba. / El campo débil y triste / se iba alumbrando. Quedab
el viaje definitivoY yo me iré. Y se quedarán los pájaros / cantando. / Y se quedará mi huerto con su verde árbol, / y con su pozo blanco. / Todas las tardes el cielo será azul y plácido, / y tocarán, como esta tarde están to
elloExiste; ¡yo lo he visto, / (y ello a mí)! / Su esbeltez negra y honda / surjía y resurjía / en la verdura blanca del relámpago, / como un árbol nocturno de ojos bellos, / fondo tras fondo de los fondos májico
en el sopor azul e hirviente de la siestaEn el sopor azul e hirviente de la siesta, / el jardín arde al sol. Huele a rosas quemadas. / La mar mece, entre inmóviles guirnaldas de floresta, / una diamantería de olas soleadas. / Cúpulas amarillas e
entresueñoQue yo estoy en la tierra, / que yo soy calle oscura y mala, / jaula fría y mohosa, / campo cerrado siempre / ¿quién lo podrá negar? / Que tú estás por el cielo, / que tú eres nube de colores, / pájaro errante
es mi almaNo sois vosotras, ricas aguas / de oro, las que corréis / por el helecho, es mi alma. / No sois vosotras, frescas alas / libres, las que os abrís / al iris verde, es mi alma. / No sois vosotras, dulces ramas /
escritorTiene algo de fogón o de locomotora… / Entre la mugre intento dilucidar si es bizco. / Es humo lo que habla, es tinta lo que llora. / Fuma una pipa y creo que lo que fuma es cisco. / Da la mano (y la deja
ese día¡Ese día, ese día / en que yo mire el mar –los dos tranquilos–, / confiado a él; toda mi alma / –vaciada ya por mí en la Obra plena– / segura para siempre, como un árbol grande, / en la costa del mundo; / con
espejeo de estíoSol único hecho agua, todo el mar / rumia y dormita como un solo monstruo de todos. / En un lejos total, entre el vapor ajeno / las costas son de ópalo. / Trae el viento completo olor a la otra / isla, visi
esperanza¡Esperar! ¡Esperar! Mientras, el cielo / cuelga nubes de oro a las lluviosas; / las espigas suceden a las rosas; / las hojas secas a la espiga; el yelo / sepulta la hoja seca; en largo duelo, / despide el r
estaba echado yo en la tierra, enfrente…Estaba echado yo en la tierra, enfrente / el infinito campo de Castilla, / que el otoño envolvía en la amarilla / dulzura de su claro sol poniente. / Lento, el arado, paralelamente / abría el haza oscura, y
estoy midiéndome con diosEnmedio de la mar, un barco, éste, mide, corta, precisa, sitúa, relaciona su conciencia, la mía, dios. / No vamos por la mar (yo solo con el barco, mientras los otros duermen) vamos por tu concienci
estoy triste, y mis ojos no lloranEstoy triste, y mis ojos no lloran / y no quiero los besos de nadie; / mi mirada serena se pierde / en el fondo callado del parque. / ¿Para qué he de soñar en amores / si está oscura y nuviosa la tarde / y no
eternidadEternidad, belleza / sola, ¡si yo pudiese, / en tu corazón único, cantarte / igual que tú me cantas en el mío / las tardes claras de alegría en paz! / ¡Si en tus éstasis últimos, / tú me sintieras dentro / embr
eternidadesVino primero pura, / vestida de inocencia; / y la amé como un niño. / Luego se fue vistiendo / de no sé qué ropajes; / y la fui odiando sin saberlo. / Llegó a ser una reina / fastuosa de tesoros… / ¡Qué iracundia
extasis¡Hoja verde / con sol rico, / carne mía / con mi espíritu!
fin de inviernoCantan, cantan. / ¿Dónde cantan los pájaros que cantan? / Llueve y llueve. Aún las casas / están sin ramas verdes. Cantan, cantan / los pájaros. ¿En dónde cantan / los pájaros que cantan? / No tengo pájaros e
flores, estrellas del campoMalvas, rosadas, celestes, / las florecillas del campo / esmaltan la orilla azul / del arroyo solitario. / Parece como si una / niña perdida en el prado, / con sus ojos dulces las / hubiese ido regando… / La bris
forma del huirMariposa de luz, la belleza se va cuando yo llego a su rosa. / Corro, ciego, tras ella… La medio cojo aquí y allá… / ¡Sólo queda en mi mano la forma de su huida!
francina, en la primaveraFrancina, en la primavera / tienes la boca más roja? / -La primavera me pone / siempre más roja la boca. / -Es que besas más, o es / que las rosas te arrebolan? / -Yo no sé si es mal de besos / o si es dolencia
frente¡Cuánto infinito abarcado / desde esta piedra del mundo! / No estoy en el «desde aquí», / sino en el «ya de lo último».
grácil¿Te cojí? Yo no sé / si te cojí, pluma suavísima, / o si cojí tu sombra.
granado el oro, está la espiga, al día claroGranado el oro, está la espiga, al día claro, / encendiendo en la luz su apretado tesoro; / pero se pone triste, y, en un orgullo avaro, / derrama por la tierra, descontenta, su oro. / De nuevo se abre el
he jugado contigo, dolor, y bien merezcoHe jugado contigo, dolor, y bien merezco / que un corazón vestido de verde me maltrate… / Me adornabas con rosas tristes, y hoy me parezco / a ti, en lo desdeñado, en lo gris y en lo mate. / Dolor, estás
hojillas nuevas(A ISOLDITA ESPLÁ) / ¡Mira por los chopos / de plata cómo trepan al cielo niños de oro! / Y van mirando al cielo / y suben, los ojos en el azul, con frescos sueños. / ¡Mira por los chopos / de plata cómo lleg
hoy eres tú, mar de retornoHoy eres tú, mar de retorno; / hoy, que te dejo, / eres tú, mar! / ¡Qué grande eres, / de espaldas a mis ojos, / jigante negro hacia el ocaso grana / con tu carga chorreosa de tesoros! / -Te quedas murmurando / e
hoz de oro, la luna hirió el cielo violetaHoz de oro, la luna hirió el cielo violeta… / Una brisa nocturna erraba, viva y fresca; / Francina iba desnuda, delicada, opulenta; / su cuerpo blanqueaba con esplendor de estrella; / y, en su nitidez mat
iba tocando mi flautaIba tocando mi flauta / a lo largo de la orilla; / y la orilla era un reguero / de amarillas margaritas. / El campo cristaleaba / tras el temblor de la brisa; / para escucharme mejor / el agua se detenía. / Notas
iba, blanca y tiernaIba, blanca y tierna, entre / los brotes rubios y verdes… / A donde daba su frente, / oriente era. Lo fuerte, / a su mudo pasar leve, / se caía, vano y débil. / Estaba encima y ausente / de todo, y todo, envolv
ida de otoñoPor un camino de oro van los mirlos… ¿Adónde? / Por un camino de oro van las rosas… ¿Adónde? / Por un camino de oro voy… / ¿Adónde, / otoño? ¿Adónde, pájaros y flores?
jardínYo no sé cómo saltar / desde la orilla de hoy / a la orilla de mañana. / El río se lleva, mientras, / la realidad de esta tarde, / a mares sin esperanza. / Miro al oriente, al poniente, / miro al sur y miro al
jesús, el dulce, vieneJesús, el dulce, viene… / Las noches huelen a romero… / ¡Oh, qué pureza tiene / la luna en el sendero! / Palacios, catedrales, / tienden la luz de sus cristales / insomnes en la sombra dura y fría… / Mas la cel
la actitudSólo lo hiciste un momento. / Mas quedaste, como en piedra, / haciéndolo para siempre.
la ausenciaCuando el amor se va, / parece que se inmensa. / ¡Cómo le aumenta el alma / a la carne la pena! / Cuando se pone el sol / lo ahondan las estrellas.
la ausenteCierra, cierra la puerta, / como a ella le gustaba… / ¡Que se encuentre a su gusto / su recuerdo!
la copa finalContra el cielo inespresable, / el álamo, ya amarillo, / instala la alta belleza / de su éstasis vespertino. / La luz se recoje en él / como en el nido tranquilo / de su eternidad. Y el álamo / termina bien en
la espada¡Qué confiada duermes / ante mi vela, ausente / de mi alma, en tu débil / hermosura, y presente / a mi cuerpo sin redes, / que el instinto revuelve! / (Te entregas cual la muerte). / Tierna azucena eres, / a tu c
la fiestaTodos los días yo soy / yo. Pero ¡qué pocos días / soy yo! / Todos los días el cielo / vive en mis ojos. Mas ¿cuándo / es dios? / Todos los días me hablas. / Y ¡qué pocas veces oigo / tu voz!
la flor solitariaNo vienen en tu busca, pobre flor solitaria; / -y, sin embargo, eres más bella que la rosa / pregonadora, que la mano partidaria / del destino abrió altiva, visible y victoriosa-. / Oyes, solo, en tu olvi
la horaCada minuto de este oro / ¿no es toda la eternidad? / El aire puro lo mece / sin prisa, como si ya / fuera todo el oro que / tuviera que acompasar. / (¡Ramas últimas, divinas, / inmateriales, en paz; / ondas del
la más míaYo no sé decirme / por qué me retienes. / yo no sé qué tienes. / Tienes dulces años, / mas no son tus años; / tienes gran blancura, / mas no es tu blancura; / tienes alta frente, / pero no es tu frente; / tienes ve
la memoria¡Qué tristeza este pasar / el caudal de cada día / (¡vueltas arriba y abajo!), / por el puente de la noche / (¡vueltas abajo y arriba!), / al otro sol! / ¡Quién supiera / dejar el manto, contento, / en las manos
la muerte bella¿Que me vas a doler, muerte? / ¿Es que no duele la vida? / ¿Porqué he de ser más osado / para el vivir esterior / que para el hondo morir? / La tierra ¿qué es que no el aire? / ¿Porqué nos ha de asfixiar, / por
la muerte es el reposoLa muerte es el reposo, / del día de la vida; / para que despertemos descansados / en el día total del infinito.
la muerte es sólo un reposoLa muerte es sólo un reposo, / más que el sueño. De ella, un día / —¡aurora augusta y completa!—, / saldremos fuertes, exactos, / para un vivir tan eterno / como ella, / para un trabajo inmortal.
la muerte es una madre nuestra antiguaLa muerte es una madre nuestra antigua, / nuestra primera madre, que nos quiere / a través de las otras, siglo a siglo, / y nunca, nunca nos olvida; / madre que va, inmortal, atesorando / –para cada uno de
la niña verdeVerde es la niña. Tiene / verdes ojos, pelo verde. / Su rosilla silvestre / no es rosa ni blanca. Es verde. / ¡En el verde aire viene! / (La tierra se pone verde) / Su espumilla fulgente / no es ni blanca ni az
la nocheEl dormir es como un puente / que va del hoy al mañana. / Por debajo, como un sueño, / pasa el agua, pasa el alma.
la pazHallarme en las manos / jazmines con sol, / con el primer sol; / saber que amanece / en mi corazón; / oír en el alba / una sola voz… / Eso quiero yo. / Regresar sin odios / cerrar sin pasión; / soñarme en las manos / c
la plenitudDelante está el carmín de la emoción. / Y al fondo de la vida, / por el suave azul nublado, / entre las cobres hojas últimas / que se curvan en éstasis de gloria, / la eterna plenitud desnuda. / (Y el agua un
la que hablaCállate, por Dios, que tú / no vas a saber decírmelo. / Deja que abran todos mis / sueños y todos tus lirios. / Mi corazón oye bien / la letra de tu cariño. / El agua lo va temblando / entre los juncos del río,
la solaAnte mí estás, sí. / Mas me olvido de ti, / pensando en ti.
la única rosaTodas las rosas son la misma rosa, / amor, la única rosa. / Y todo queda contenido en ella, / breve imajen del mundo, / ¡amor!, la única rosa.
la vezTú, lo grande, anda, descansa / en honor de lo pequeño; / que su mundo está en su hora / y tu hora es el universo.
las amantes del miserable… Hace un frío tan horrible, / que hasta el cielo se ha vestido con su ropa más compacta…; / cae la nieve en incesante lagrimeo, / como llanto sin consuelo de algún alma dolorida; / de algún alma que en l
las dos alegrías¡Qué alegre, en primavera, / ver caer de la carne / del invierno el vestido, / dejándola en errante / amistad con las rosas, / también de carne amable! / Ahora, en el otoño, / ¡qué alegre es ver cuál cae / la car
las ilusiones?No era nadie. El agua. / ?¿Nadie? / ¿Que no es nadie el agua? / ?No / hay nadie. Es la flor. / ?¿No hay nadie? / Pero ¿no es nadie la flor? / No es nadie. Era el viento. / ?¿Nadie? / ¿No es el viento nadie? / ?No / ha
las lucesMe colmó el sol del poniente / el corazón de onzas doradas. / Me levanté por la noche / a verlas. / ¡No valían nada! / De onzas de plata la luna / del alba me llenó mi alma. / Cerré mi puerta en el día / por verl
las tardes de eneroVa cayendo la noche: La bruma / ha bajado a los montes el cielo: / Una lluvia menuda y monótona / humedece los árboles secos. / El rumor de sus gotas penetra / hasta el fondo sagrado del pecho, / donde el alm
le he puesto una rosa frescaLe he puesto una rosa fresca / a la flauta melancólica; / cuando cante, cantará / con música y con aroma. / Tendrá una voz de mujer, / vacilante, arrolladora, / plata con llanto y sonrisa, / miel de mirada y de
le he puesto una rosa tristeLe he puesto una rosa triste / a la flauta melancólica: / cuando cante, cantará / con música y con aroma. / Tendrá una voz de mujer, / vacilante, arrulladora, / plata con llanto y sonrisa, / miel de mirada y de
lejos tú, lejos de tiLejos tú, lejos de ti, / yo, más cerca del mío; / afuera tú, hacia la tierra, / yo hacia adentro, al infinito. / Los soles que tu verás, / serán los soles ya vistos; / yo veré los soles nuevos / que sólo encien
los caminos de la tardeLos caminos de la tarde / se hacen uno, con la noche. / Por él he de ir a ti, / amor que tanto te escondes. / Por él he de ir a ti, / como la luz de los montes, / como la brisa del mar, / como el olor de las fl
luna grandeLa puerta está abierta, / el grillo cantando. / ¿Andas tú desnuda / por el campo? / Como un agua eterna, / por todo entra y sale. / ¿Andas tú desnuda / por el aire? / La albahaca no duerme, / la hormiga trabaja. / ¿A
luna solaCesó el clarín agudo, y la luna está triste. / Grandes nubes arrastran la nueva madrugada. / Ladra un perro alejándose, y todo lo que existe / se hunde en el abismo sin nombre de la nada. / La luna dorará
malvasMalvarrosa, / malvaseda. / ¡Salud de la primavera! / Rosas agrias, / sedas férreas. / ¡O mujer con asperezas! / Recojida / gracia entera. / ¡Malvarrosa, malvaseda! / Casta sangre / de la tierra. / ¡Virtud de la primave
manos¡Ay tus manos cargadas de rosas! Son más puras / tus manos que las rosas. Y entre las hojas blancas, / surgen lo mismo que pedazos de luceros, / que alas de mariposas albas, que sedas cándidas. / ¿Se te c
mar idealLos dos vamos nadando / -agua de flores o de hierro- / por nuestras dobles vidas. / -Yo, por la mía y por la tuya; / tú, por la tuya y por la mía-. / De pronto, tú te ahogas en tu ola, / yo en la mía; y, sumi
me he asomado por la verjaMe he asomado por la verja / del viejo parque desierto: / todo parece sumido / en un nostálgico sueño. / Sobre la oscura arboleda, / en el transparente cielo / de la tarde, tiembla y brilla / un diamantino luce
mensajera de la estación totalTodas las frutas eran de su cuerpo, / las flores todas, de su alma. / Y venía, y venía / entre las hojas verdes, rojas, cobres, / por los caminos todos / de cuyo fin con árboles desnudos / pasados en su fin a
mi alma es hermana del cieloMi alma es hermana del cielo / gris y de las hojas secas; / sol enfermo del otoño, / mátame con tu tristeza! / Los árboles del jardín / están cargados de niebla: / mi corazón busca en ellos / esa novia que no e
mi cuerpoVivo olvidada / de mi cuerpo. / Cuando miro la aurora, / confusamente lo recuerdo bello, / cual si estuviera / fuera de mí y muy lejos. / Mas cuando tú me coges / me lo siento / todo, / duro, suave, dibujado, lleno
mi oasisQué trasparente amor, / en la cálida tarde tranquila, / el del azul y yo. / Mi pena viene y va. / Mas la mira una estrella suave / y se pone a cantar.
mi sitioTarde última y serena, / corta como una vida, / fin de todo lo amado / ¡yo quiero ser eterno! / (Atravesando hojas, / el sol ya cobre viene / a herirme el corazón. / ¡Yo quiero ser eterno!) / Belleza que yo he vi
mirlo fielCuando el mirlo, en lo verde nuevo, un día / vuelve, y silba su amor, embriagado, / meciendo su inquietud en fresco de oro, / nos abre, negro, con su rojo pico, / carbón vivificado por su ascua, / un alma d
mujer, abismo en flor, maldita seas!Mujer, abismo en flor, maldita seas! Rosa / de filo, espada tierna, fontana de letargo; / con qué nos muerde, lirio, tu seda? Cómo, diosa, / haces lo negro de oro y haces dulce lo amargo? / Yo iba cantand
mujer, perfúmame el campoMujer, perfúmame el campo; / da a mi malestar tu aroma, / y que se pongan tus manos / entre el tedio de mis rosas. / Olor a carne y romero, / traje blanco y verdes hojas, / ojos negros entre todo / lo que azula
nadaA tu abandono opongo la elevada / torre de mi divino pensamiento. / Subido a ella, el corazón sangriento / verá la mar, por él empurpurada. / Fabricaré en mi sombra la alborada, / mi lira guardaré del vano
nocturnoAun soñaba en las dulzuras de esta tarde. / Estoy solo; mis amores están lejos; / y mi alma que se muere de tristeza, / de nostalgia y de recuerdos, / se sumía fatigada / en la bruma de los sueños. / Esta tar
nostalgiaAl fin nos hallaremos. Las temblorosas manos / apretarán, suaves, la dicha conseguida, / por un sendero solo, muy lejos de los vanos / cuidados que ahora inquietan la fe de nuestra vida. / Las ramas de lo
nostalgia grandeHojita verde con sol, / tú sintetizas mi afán; / afán de gozarlo todo, / de hacerme en todo inmortal.
novia del campo, amapolaNovia del campo, amapola / que estás abierta en el trigo; / amapolita, amapola / ¿te quieres casar conmigo? / Te daré toda mi alma, / tendrás agua y tendrás pan. / Te daré toda mi alma, / toda mi alma de galán.
nubesNevada de los cielos, pareciste / la luna trastornada en primavera. / Vi una vez, no sé dónde, una pradera / así, blanca cual tú te apareciste. / En un sueño más sueño aún, volviste / de nuevo a mí como la
octubreEstaba yo echado en la tierra, enfrente / del infinito campo de Castilla, / que el otoño envolvía en la amarilla / dulzura de su claro sol poniente. / Lento, el arado, paralelamente / abría el haza oscura,
octubre iiA través de la paz del agua pura, / el sol le dora al río sus verdines; / las hojas secas van, y los jazmines / últimos, sobre el oro a la ventura. / El cielo, verde, en la más libre altura / de su ancha pl
ojos de ayer¡Ojos que quieren / mirar alegres / y miran tristes! / ¡Ay, no es posible / que un muro viejo / dé brillos nuevos; / que un seco tronco / (abra otras hojas) / abra otros ojos / que estos, que quieren / mirar alegres /
otoñoEsparce octubre, al blando movimiento / del sur, las hojas áureas y las rojas, / y, en la caída clara de sus hojas, / se lleva al infinito el pensamiento. / Qué noble paz en este alejamiento / de todo; oh p
otra balada a la lunaHeine, Laforgue, Verlaine…- / Luna de mi corazón, / niña blanca, si has nacido en / el Japón, / baja a mis labios tu cara / de flor de almendro, pues eso / lo necesito yo para / darte un beso. / Háblame tú con tu
otro silencioDe noche, el oro / es plata. / Plata muda el silencio / de oro de mi alma.
patio primeroSilencio. Sólo queda / un olor de jazmín. / Lo único igual a entonces, / a tántas veces luego… / ¡Sinfin de tanto fin!
poetaCuando cojo este libro, / súbitamente se me pone limpio / el corazón, lo mismo / que un pomo cristalino. / -Me da luz en mi espíritu, / luz pasada por mirtos vespertinos, / sin ver yo sol alguno… / ¡Qué rico me
primaveraAbril, sin tu asistencia clara, fuera / invierno de caídos esplendores; / mas aunque abril no te abra a ti sus flores, / tú siempre exaltarás la primavera. / Eres la primavera verdadera; / rosa de los camin
primavera madre¡Madre mía, tierra, / otra vez más verde, / más plena, más bella! / (Y yo, mientras, hijo / tuyo, con más secas / hojas en las venas). / ¡Madre mía, tierra, / sé tú siempre joven, / y que yo me muera! / (Y tú, mien
primavera y sentimientoEstos crepúsculos tibios / son tan azules, que el alma / quiere perderse en las brisas / y embriagarse con la vaga / tinta inefable que el cielo / por los espacios derrama, / fundiéndola en las esencias / que t
qué alegría este tirar¡Qué alegría este tirar / de mi freno, cada instante; / este volver a poner / el pie en el lugar cercano, / (casi otro, casi el mismo), / de donde aprisa se iba; / este hacer la seña leve, / segundamente, inmor
qué débil el latido¡Qué débil el latido / de tu corazón leve / y qué hondo y qué fuerte su secreto! / ¡Qué breve el cuerpo delicado / que lo envuelve de rosas, / y qué lejos, desde cualquiera parte tuya / -y qué no hecho- / el ce
quería decir un nombreQuería decir un nombre / la música de mi flauta… / No pudo. / La tarde iba / rosando las verdes ramas… / Un nombre de un cuerpo blanco, / coronado de esperanzas, / que holló las orillas verdes / unas tardes ya le
remembranzasRecuerdo que cuando niño / me parecía mi pueblo / una blanca maravilla, / un mundo mágico, inmenso; / las casas eran palacios / y catedrales los templos; / y por las verdes campiñas / iba yo siempre contento, / i
reprochesComo el cansancio se abandona al sueño / así mi vida a ti se confiaba… / Cuando estaba en tus brazos, dulce sueño, / te quería dejar … y no acababa… / Y no acababa… ¡Y tú te desasiste, / sorda y ciega a mi
retorno fugaz¿Cómo era, Dios mío, cómo era? / —¡Oh corazón falaz, mente indecisa!— / ¿Era como el pasaje de la brisa? / ¿Como la huida de la primavera? / Tan leve, tan voluble, tan lijera / cual estival vilano… ¡Sí! Imp
rosaSólo eres tú / (aquella tú) / cuando me hieres.
rosa íntimaTodas las rosas son la misma rosa, / amor, la única rosa. / y todo queda contenido en ella, / breve imagen del mundo, / ¡amor!, la única rosa. / Rosa, la rosa… Pero aquella rosa… / La primavera vuelve / con la
rosa, niñaTodo el otoño, rosa, / es esa sola hoja tuya / que cae. / Niña, todo el dolor / es esa sola gota tuya / de sangre.
rosa, pompa, risaCon la primavera / mis sueños se llenan / de rosas, lo mismo / que las escaleras / orilla del río. / Con la primavera / mis rosas se llenan / de pompas, lo mismo / que las torrenteras / orilla del río. / Con la prima
rosas mustias de cada díaTodas las rosas blancas de la luna caían, / por la ventana abierta, en el cuerpo desnudo … / Mirando aquellas carnes blandas que florecían, / hundido entre mis sueños, yo estaba absorto y mudo. / ¡Oh su s
se entró mi corazón en esta nadaSe entró mi corazón en esta nada, / como aquel pajarillo, que, volando / de los niños, se entró, ciego y temblando, / en la sombría sala abandonada. / De cuando en cuando intenta una escapada / a lo infinit
señor, matadme, si queréisSeñor, matadme, si queréis… / ¡Pero, Señor, no me matéis! / ¡Oh, Señor!, por el sol sonoro, / por la mariposa de oro, / por la rosa y por el lucero, / por los vilanos del sendero, / por el trino del ruiseñor,
si yo, por ti, he creado un mundo para tiSi yo, por ti, he creado un mundo para ti, / dios, tú tenías seguro que venir a él, / y tú has venido a él, a mí seguro, / porque mi mundo todo era mi esperanza. / Yo he acumulado mi esperanza / en lengua,
siesta de la tormentaMurió, como un niño, el hijo / de tu loco corazón / y mi loco corazón. / (¡Ay nuestro amor!) / No sé si ríes o lloras / mirando muerto tu amor, / mirando muerto mi amor. / (¡Ay nuestro amor!) / Yo siento como si
sol y rosaRosa completa en olor. / Sol terminante en ardor. / Serenidad de lo uno. / (Rompevida del amor). / Tú queriendo y sin poder. / Yo pudiendo y sin querer. / ¡Pobre rosa con el hombre! / ¡Triste sol con la mujer!
solía ser en el estío. el viejo cocheSolía ser en el estío. El viejo coche / se llevaba a los otros… Y la tarde tranquila / se iba alejando por los prados de la noche, / a un murmullo de pinos ya una queja de esquila. / El coche aparecía, la
sólo mi frente y el cieloSólo mi frente y el cielo. / Los únicos universos. / Mi frente, sólo, y el cielo. / (Entre ellos, la brisa pura, / caricia fiel, mano única / para tales plenitudes. / La brisa, que baja y sube). / Arriba, todo
solo yo¡Yo solo vivo dentro / de la primavera! / (Los que la veis por fuera, / ¿qué sabéis de mi centro, / qué sabéis de su centro? / Si salís a su encuentro, / mi sangre no se altera…) / ¡Yo solo vivo dentro / de la pr
soy yo quien anda esta nocheSoy yo quien anda esta noche / por mi cuarto, o el mendigo / que rondaba mi jardín / al caer la tarde…? Miro / en torno y hallo que todo / es lo mismo y no es lo mismo… / la ventana estaba abierta? / yo no me h
su sitio fielLas nubes y los árboles se funden / y el sol les trasparenta su honda paz. / Tan grande es la armonía del abrazo, / que la quiere gozar también el mar, / el mar que está tan lejos, que se acerca, / que ya s
sueñoImagen alta y tierna del consuelo, / aurora de mis mares de tristeza, / lis de paz con olores de pureza, / ¡premio divino de mi largo duelo! / Igual que el tallo de la flor del cielo, / tu alteza se perdía
tal como estabasEn el recuerdo estás tal como estabas. / Mi conciencia ya era esta conciencia, / pero yo estaba triste, siempre triste, / porque aún mi presencia no era la semejante / de esta final conciencia / Entre aquel
te conocí, porque al mirar la huellaTe conocí, porque al mirar la huella / de tu pie en el sendero, / me dolió el corazón que me pisaste. / Corrí loco; busqué por todo el día; / como un perro sin amo. / … ¡Te habías ido ya! Y tu pie pisaba / mi
te deshojé como una rosaTe deshojé como una rosa, / para verte tu alma, / y no la vi. / Mas todo en torno / -horizontes de tierra y de mares-, / todo, hasta el infinito, / se colmó de una esencia / inmensa y viva.
todas las rosas blancas de la luna caíanTodas las rosas blancas de la luna caían, / por la ventana abierta, en el cuerpo desnudo… / Mirando aquellas carnes blandas que florecían, / hundido entre mis sueños, yo estaba absorto y mudo. / ¡Oh su se
trascielo del cielo az¡Qué miedo el azul del cielo! / ¡Negro! / ¡Negro de día en agosto! / ¡Qué miedo! / ¡Qué espanto en la siesta ardiente! / ¡Negro! / ¡Negro en las rosas y el río! / ¡Qué miedo! / ¡Negro con sol en mi tierra / (¡negro
un climaEstá el cielo tan bello, / que parece la tierra. / (Dan ganas de volver / los pies y la cabeza.)
verde verderolVerde verderol / ¡endulza la puesta del sol! / Palacio de encanto, / el pinar tardío / arrulla con llanto / la huida del río. / Allí el nido umbrío / tiene el verderol. / Verde verderol / ¡endulza la puesta del sol
viento negro, luna blancaViento negro, luna blanca. / Noche de Todos los Santos. / Frío. Las campanas todas / de la tierra están doblando. / El cielo, duro. Y su fondo / da un azul iluminado / de abajo, al romanticismo / de los secos c
vivo y muertoTierra, tierra, tierra, tierra. / Y ahora yo, yo, yo, yo. / ¡Cielo puro, día libre, / sostenedme en mi ilusión!
volcán erranteVolcán que pasas traslaticio, / como un total cometa, / prendiendo con la llama / de tu abismo dinámico la vida / (las piedras están grises y mojadas, / pero están granas, vivamente granas) / resplandor hondo
voz nueva¿De quién es esta voz? ¿Por dónde suena / la voz esta, celeste y argentina, / que transe, leve, con su hoja fina / el silencio de hierro de mi pena? / Dime, blancura azul de la azucena, / dime, luz de la es
y yo me iré. y se quedarán los pájarosY yo me iré. Y se quedarán los pájaros / cantando; / y se quedará mi huerto, con su verde árbol, / y con su pozo blanco. / Todas la tardes, el cielo será azul y plácido; / y tocarán, como esta tarde están t
ya la túYa viene la primavera. / ¡Lo ha dicho la estrella! / La primavera sin mancha. / ¡Lo ha dicho la agua! / Sin mancha y viva de gloria / ¡Lo ha dicho la rosa! / De gloria, altura y pasión. / ¡Lo ha dicho tu voz!
yo me moriréYo me moriré, y la noche / triste, serena y callada, / dormirá el mundo a los rayos / de su luna solitaria. / Mi cuerpo estará amarillo, / y por la abierta ventana / entrará una brisa fresca / preguntando por m
yo no soy yoYo no soy yo. / Soy este / que va a mi lado sin yo verlo, / que, a veces, voy a ver, / y que, a veces olvido. / El que calla, sereno, cuando hablo, / el que perdona, dulce, cuando odio, / el que pasea por donde
zinc¡Qué hueco tan robado / el de este vano cielo / que nada al alma pone, / ni nada quita al cuerpo!
¡ay tus manos cargadas de rosas! son más puras…¡Ay tus manos cargadas de rosas! Son más puras / tus manos que las rosas. Y entre las hojas blancas / surgen lo mismo que pedazos de luceros, / que alas de mariposas albas, que sedas cándidas. / ¿Se te ca
¡impenetrable es tu frente, cual un muro!¡Impenetrable es tu frente, cual un muro! / Tan cerca de los ojos, ¿cómo retiene preso / tu pensamiento?, ¿cómo su recinto es oscuro / bajo el cabello de oro, sobre el radiante beso? / Con la movilidad má
¡oh triste coche viejo, que en mi memoria ruedas!¡Oh triste coche viejo, que en mi memoria ruedas! / ¡Pueblo, que en un recodo de mi alma te pierdes! / ¡Lágrima grande y pura, lucero que te quedas, / temblando en la colina, sobre los campos verdes! / Ve
¡qué dulcemente va cayendo tu belleza!¡Qué dulcemente va cayendo tu belleza! / Otoño pleno desordena la armonía / de tu pecho; y, en plástica oleada de triteza, / el mar de tu alma alza tu cuerpo de elegía. / Hueles a acacia mustia. A veces,
¡qué goce triste éste¡Qué goce triste éste / de hacer todas las cosas como ella las hacía! / Se me torna celeste / la mano, me contagio de otra poesía. / Y las rosas de olor, / que pongo como ella las ponía, / exaltan su color; / y
¡qué tristeza de olor de jazmín! el verano¡Qué tristeza de olor de jazmín! El verano / torna a encender las calles y a oscurecer las casas, / y, en las noches, regueros descendidos de estrellas / pesan sobre los ojos cargados de nostaljia. / En l
¿cómo era, dios mío, cómo era?¿Cómo era, Dios mío, cómo era? / -¡Oh corazón falaz, mente indecisa!- / ¿Era como el pasaje de la brisa? / ¿Como la huida de la primavera? / Tan leve, tan voluble, tan ligera / cual estival vilano… ¡Sí! Imp
¿remordimiento?La tarde será un sueño de colores… / Tu fantástica risa de oro y plata / derramará en la gracia de las flores / su leve y cristalina catarata. / Tu cuerpo, ya sin mis amantes huellas, / errará por los grise
¿te acuerdas?¿Te acuerdas? Fue en el cuarto de los niños. La tarde / de estío alzaba, limpia, por entre la arboleda / suavemente mecida, últimas glorias puras, / tristes en el cristal de la ventana abierta. / El maniq