gilbert keith chesterton
el conversoDespués de un instante, cuando incliné mi cabeza / Todo el mundo cambió y se enderezó, / Emergí donde el viejo camino brilló en su blancura, / Caminé las calles y
el esqueletoEl pinzón que balbucea y la brisa / no es más feliz que yo; / aquí yazco entre flores / con mi eterna sonrisa. / No; para nada cómodamente; / aunque por cierto, amigo
el mito de arturo¡Ah! hombre educado que nunca aprendiste a aprender, / Y que evitas deducir mediante diminutos y tímidos pasos, / Como el alto vapor que el fuego jamás podrá co
femina contra mundumEl Sol era negro, juicioso, y sangrienta / era la Luna: pero entre ambos / apareció un hombre de pie, diciendo: / Para mí, al menos, el césped es verde. / No hay ni
lepantoBlancos los surtidores en los patios del sol; / El Sultán de Estambul se ríe mientras juegan. / Como las fuentes es la risa de esa cara que todos temen, / Y agita
los profanadoresSé testigo de todo: ese arrepentimiento, / las plumas volando, la música alta, / voy a la muerte sin ser sacudido / por tu vil filosofía. / Por tu jornal, toma mi c
una plegaria en la oscuridadEste rincón, Oh Cielos (si yo anduviera en desvelos o delirios, / No os apiadéis de mí; mas dejad al mundo en sus hastíos, / Sí, así es; si en mi locura, me vie