PAIS POEMA

Libros de ángela figuera aymerich

Autores

ángela figuera aymerich

a tiros nos dijeron cruz y raya…
A tiros nos dijeron cruz y raya. / En cruz estamos. Raya. Tachadura. / Borrón y cárcel nueva. Punto en boca. / Si observas la conducta conveniente, / podrás decir palabras permitidas: / invierno, luz, hispa
amor puso sus manos —pasmo y fuego…
Amor puso sus manos —pasmo y fuego— / sobre nosotros. Hemos encontrado / nuestro divino centro / para girar, eternos, vivos, astros… / No, no existe la muerte. Somos vida.
belleza cruel
Dadme un espeso corazón de barro, / dadme unos ojos de diamante enjuto, / boca de amianto, congeladas venas, / duras espaldas que acaricie el aire. / Quiero dormir a gusto cada noche. / Quiero cantar a esti
bombardeo
Yo no iba sola entonces. Iba llena / de ti y de mí. Colmada, verdecida, / me erguía como grávida montaña / de tierra fértil donde la simiente / se esponja y apresura para el brote. / Era mi carne, tensa y a
cañaveral
Entre las cañas tendida; / sola y perdida en las cañas. / ¿Quién me cerraba los ojos, / que, solos, se me cerraban? / ¿Quién me sorbía en los labios / zumo de miel sin palabras? / ¿Quién me derribó y me tuvo /
colina
Ola cuajada en la piedra / con espuma de romero, / hasta tu desnuda cima / me has levantado sin vuelo. / Sobre tu lomo clavada / -mástil sin vela en el viento- / de un horizonte redondo / soy matemático centro.
cuando nace un hombre
Cuando nace un hombre / siempre es amanecer aunque en la alcoba / la noche pinte negros cristales. / Cuando nace un hombre / hay un olor a pan recién cocido / por los pasillos de la casa; / en las paredes, lo
culpa
Si un niño agoniza, poco a poco, en silencio, / con el vientre abombado y la cara de greda. / Si un bello adolescente se suicida una noche / tan sólo porque el alma le pesa demasiado. / Si una madre maldi
destino
Vaso me hiciste, hermético alfarero, / y diste a mi oquedad las dimensiones / que sirven a la alquimia de la carne. / Vaso me hiciste, recipiente vivo / para la forma un día diseñada / por el secreto ritmo
durar
Yo pasaré y apenas habré sido, / -frágil destino de mi pobre arcilla-. / Hijo, cuando yo no exista, / tú serás mi carne, viva. / Verso, cuando yo no hable, / tú, mi palabra inextinta.
el fruto redondo
Sí, también yo quisiera ser palabra desnuda. / Ser un ala sin plumas en un cielo sin aire. / Ser un oro sin peso, un soñar sin raíces, / un sonido sin nadie… / Pero mis versos nacen redondos como frutos, /
el grito inútil
¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve / una mujer viviendo en puro grito? / ¿Qué puede una mujer en la riada / donde naufragan tantos superhombres / y van desmoronándose las frentes / alzadas como diques org
en tierra escribo
Si, por amar la tierra, pierdo el cielo, / si no logro completa mi estatura / ni pongo el corazón a más altura / por no perder contacto con el suelo; / si no dejo a mis alas tomar vuelo / para escalar mi po
éxodo
Una mujer corría. / Jadeaba y corría. / Tropezaba y corría. / Con un miedo macizo debajo de las cejas / y un niño entre los brazos. / Corría por la tierra que olía a recién muerto. / Corría por el aire con sa
la noche es una pobre bestia oscura…
La noche es una pobre bestia oscura / herida a latigazos por el viento… / Mis ojos desvelados / navegan en lo negro. / Mi corazón naufraga / entre el ansia y el miedo… / Y adentro, copo a copo, / se va tejiendo
la otra orilla
A la orilla del río, en una orilla, / miro la otra: juncos, hierva suave, / troncos erguidos, ramas en el viento, / cielo profundo, vuelos desiguales… / ¿Y esta orilla?… Mirarla, verla, verme, / estando aqu
la sangre
Yo me siento la sangre. ¿No la sentís vosotros? / Sangre de la mujer, cáliz abierto. / Yo me siento la sangre. Ella me nutre. / Me llena, me dibuja, me sostiene. / Callada sinfonía de mis pulsos. / Verso ri
libertad
Crecieron así seres de manos atadas. / Empédocles / A tiros nos dijeron: cruz y raya. / En cruz estamos. Raya. Tachadura. / Borrón y cárcel nueva. Punto en boca. / Si observas la conducta conveniente, / podrá
llega una mano de oro luciendo un diamante…
Llega una mano de oro luciendo un diamante / una mano de hierro gobernando unas riendas, / una mano de niebla donde canta una alondra: / yo las dejo pasar. / Llega una mano roja empuñando una espada, / lleg
mármol oscuro y caliente…
Mármol oscuro y caliente / tallado en músculo y fibra. / Carne de mi amante, carne / viril y prieta de mi vida. / Suave y blanda entre mis dedos; / fuego bajo la caricia. / Dulce y sabrosa a mis labios / como u
morena
Ni soy nácar ni azucena: / morena, solo morena. / Soy tierna oscura y caliente: / la tierra / donde crecen los olivos / el pan y el vino. Morena.
muerto al nacer
No aurora fue. Ni llanto. Ni un instante / bebió la luz. Sus ojos no tuvieron / color. Ni yo miré su boca tierna… / Ahora, ¿sabéis?, lo siento. / Debisteis dármelo. Yo hubiera debido / tenerle un breve tiem
mujer
¡Cuán vanamente, cuán ligeramente / me llamaron poetas, flor, perfume!… / Flor, no: florezco. Exhalo sin mudarme. / Me entregan la simiente: doy el fruto. / El agua corre en mí: no soy el agua. / Árboles de
mujer de barro
Mujer de barro soy, mujer de barro: / pero el amor me floreció el regazo. / Mujer / ¡Cuán vanamente, cuán ligeramente / me llamaron poetas, flor; perfume! / Flor; no: florezco. Exhalo sin mudarme. / Me entreg
mujer de barro soy…
Mujer de barro soy, / pero el amor me floreció el regazo.
nadie sabe
Abre tus ojos anchos al asombro / cada mañana nueva y acompasa / en místico silencio tu latido / porque un día comienza su voluta / y nadie sabe nada de los días / que se nos dan y luego se deshacen / en polv
no aurora fue. ni llanto. ni un instante…
No aurora fue. Ni llanto. Ni un instante / bebió la luz. Sus ojos no tuvieron / color. Ni yo miré su boca tierna… / Ahora, ¿sabéis?, lo siento. / Debisteis dármelo. Yo hubiera debido / tenerle un breve tiem
no quiero
No quiero / que los besos se paguen / ni la sangre se venda / ni se compre la brisa / ni se alquile el aliento. / No quiero / que el trigo se queme y el pan se escatime. / No quiero / que haya frío en las casas, /
noche
Quietos en la noche clara. / Mi cara junto a tu cara; / la misma luna nos baña. / Piel contra piel, en mi cuerpo / siento el ritmo de un latido / ¿es tu corazón o el mío?… / No sé cuándo me he dormido.
san poeta labrador
Yo era poeta labrador. / Mi campo era amarillo y áspero. / Todos los días yo sudaba / y lloraba para ablandarlo. / Tras de los bueyes, lentos, firmes, / iba la reja de arado. / Mis surcos eran largos, hondos.
señor, guarda tus ángeles contigo…
Señor, guarda tus ángeles contigo. / Son demasiado puros para mí. Me dan miedo. / No pesan. No vacilan. Tienen cuerpos sin hambre, / sin fiebre, sin lujuria. Pies que no dejan huella. / Labios sin sed que
sí, también yo…
Sí, también yo / quisiera ser palabra desnuda. / Ser un ala sin plumas en un cielo sin aire. / Ser un oro sin peso, un soñar sin raíces, / un sonido sin nadie… / Pero mis versos nacen redondos como frutos, /
símbolo
Llega una mano de oro luciendo un diamante / una mano de hierro gobernando unas riendas, / una mano de niebla donde canta una alondra: / yo las dejo pasar / Llega una mano roja empuñando una espada, / llega
sin llave
Me tienes y soy tuya. Tan cerca uno del otro / como la carne de los huesos. / Tan cerca uno del otro / y, a menudo, ¡tan lejos!… / Tú me dices a veces que me encuentras cerrada, / como de piedra dura, como
¡cuán vanamente, cuán ligeramente…
¡Cuán vanamente, cuán ligeramente / me llamaron poetas, flor, perfume…! / Flor, no: florezco. Exhalo sin mudarme. / Me entregan la simiente: doy el fruto. / El agua corre en mí: no soy el agua. / Árboles de