ángel garcía aller
carta a esteban carro, amigo, en esta ausenciaSigue en pie / la ciudad. Sólo pudiera / decirte que las piedras endurecen / el silencio más hondo / y sin embargo / hay árboles aún cerca de casa, / un estruendo vegetal cuando los niños / corren a la escuela
cuando toda la casa se derrumbaI / ocurre / a veces que sentado / a mi propia mesa mientras alzo / la copa más amarga por vosotros / llegáis abrís de golpe os atrevéis / a invadir mi casa sus cimientos / la puerta que da al sol lo que he gua
el ahorcadoCayó / como del aire la sentencia / y al ahorcado, entretanto, le brotaban / innumerables flores, innumerables / auroras boreales por el cuerpo. / Uno / tras otro, le acusamos / de extrañas maldiciones, de habe
el hombre, la palabra y el recuerdoHe aquí / el hombre que acontece / cotidiano como el pan o como el aire / alfarero de la luz, el que renace / de su propia simiente hasta la eterna / condición de la palabra. / El hombre / vertebrado de esperan
el viejo clochardGrenoble / era entonces la ciudad de los suicidas, / pero nunca se supo, / nadie dijo / por qué extraña razón de parentesco / los perros ladraban a la luna / y el viejo clochard / ¡tan torpemente! / preguntaba la
posdata para prevenir la nocheDe una carta sin fecha a César Vallejo / Olvidaba decirte que madre sigue repartiendo cada tarde, en la sala de arriba, aquellas hostias de tiempo con que pretendíamos saciar el hambre de los siglos
quevedo¡Ah del convento! ¿Nadie me responde? / Busco a un hombre / que un día llegó aquí / sin otra causa, al parecer, / que haberle dado nombre a su dolor / y no callar por más que con el dedo / el peso del silenci
tercer gestoA Araceli, desde la vida / Siento / tus raíces en el pecho, una evidencia / muy honda de que existes, la innegable / verdad con que me habitas / a la par que te tengo tan distante. / Tus raíces / en el pecho, a